Versos humildes a Fidel Alejandro Castro Ruz

Yo sé que has hecho tronar el suelo
que han temblado las rocas a tu paso
que has hecho florecer la sierra

Yo sé que si un Dios hubiera
sería tu hermano
tu alumno
tu mejor soldado

Yo sé que tengo un sueño:
estrechar tus manos
mirarte a los ojos
y en esa dulce somnolencia
decirte
¡Gracias por hacernos más humanos!

Yo voy a volver a recorrer la luna

Yo voy a volver a recorrer la luna,
como corresponde a todo buen poeta.
Sin saber cómo insinuaré una luna llena
inventaré suaves conejos blancos sobre ella
o, mejor, grises y marrones, para que puedan verse desde la tierra.

Sobre la faz, visible solo las noches de cielo despejado
tallaré a cincel un ser fantástico
sobrenatural
capaz de devolvernos la poesía
a los muertos.

Si te sirve de algo un te quiero

Si te sirve de algo un te quiero:
              te quiero.

Si no sirviera
     igual te quiero.

Embellecí una casa con flores

Embellecí una casa con flores;
tenía los ventanales cerrados al sol de la tarde
y de cortinas duras láminas de hierro gris oscuro.
Allí, en ese lugar puse un florero con hermosas flores de colores
de aroma relajante
de perfume que inspiraba bellezas inventadas.

Y ese era el problema: que toda esa belleza era inventada
que el lugar donde habitaba era un lugar sin sol
y aunque pusiera mil flores mi casa no era mi casa.

La tarde que descubrí que las flores morían ahogadas entre tanta muerte
me senté a mirar el techo
horrible, despintado, dejando entrar la lluvia por todas partes.

Y después, bajando la mirada, le repetí a las paredes:
"yo te quería"
cien veces.

Me han dicho que existen límites que no pueden cruzarse

Me han dicho que existen límites que no pueden cruzarse
fronteras imborrables
líneas invisibles que existen
aunque nadie pueda verlas.
Me han dicho que un cuerpo termina en su piel
que es ese su límite
sin embargo

he visto cuerpos sin límites
sin fronteras
sin líneas invisibles que los separen
cuerpos que al unirse
comienzan o terminan ─da igual─
donde se les antoja.

Permítame usted este minuto en silencio

Permítame usted este minuto en silencio
─sin ánimos de ofender─.
Quisiera guardar este silencio
dentro

por los muertos
todos
los muertos en paz
los muertos en guerra
los muertos en hambre
o en comodidad

por los vivos
todos
los vivos en paz
los vivos en guerra
los vivos en hambre
o en comodidad

un simple silencio
nada más

Permítame guardarme este minuto
para mí.

Después se lo devuelvo.

Arte amatoria

Querida amiga:

               el amor no tiene más misterios
que el de ser él mismo un gran misterio.
No existen trucos, simples ni complejos,
malabares, piruetas ni acrobacias
que puedan desenredar esa maraña
de alucinados soles que es el amor.

Para el amor no hay más que un secreto
tan simple, he decirte, que el solo revelarlo
es capaz de producir en mi alma
el más triste de los miedos:
la penosa incertidumbre de comprender al fin,
después de tantos desengaños y vacíos laberintos,
que solo somos este penoso andar hambriento sobre la tierra.

No hay misterios, ya te he dicho,
más que el amor en sí mismo.
Sabes y sé que el amor es un camino empedrado
y que los problemas le crecen como yuyos
entre los adoquines y a los lados.

El único secreto si sueñas con un amor eterno
es, querida amiga, no ser uno el problema.

A Poe - A Quiroga

Los teros se alojan a la sombra de una columna
y al final del paisaje un nube se eleva
con su grisácea y caprichosa forma
como una señal indicando el final del camino
el final del juego.
Solitaria expresión del desierto la informe masa de vapor:
tantálica burla
que repite ─como elc uervo de Poe─
"No habrá lluvias; nunca más
beberás su sed ni saciarás tus aguas".

Los camolotes del sueño que la ciudad tuvo anoche envejecen.
Una yarará se arrastra con la calma de un verano caliente
sobre la marrón podredumbre estancada.
¿Pensará ella en el querido Quiroga como yo
al ver ese río flotando sobre la muerte,
arrastrando un paisaje lejano que olvidará
en ese preciso instante de lelgar al mar?

Dos recuerdos naturales, dos naturalezas muertas, agonizantes
de hombres que sufrieron su poesía como interminables muertes.

Conocer el viento por dentro

Conocer el viento por dentro.

¿Sabe usted qué motor agita el aire quieto
para hacer tormentas?
¿Qué mano? ¿Qué Dios?
¿Qué magia convierte en vida a la muerte?

Yo una vez imaginé que estaba durmiendo
en el viento.
Imaginé que era la rama verde de un árbol
y él me mecía y yo dormía

y durmiendo dentro del viento soñaba
que era yo también el viento
y que era yo ese viento
que mecía a uno que soñaba
que era él el viento.