Cactus (VIII)

¿Te acuerdas de esto?

Nació del miedo
y casi muere
del miedo.

Cactus (VII)

Yo te miro y desde el "yo que mira" soy el verbo
y me salvo de ser un substantivo.
Así juego
así invento.
─me invento─.

Así no tengo que soñar el viento
Ni serlo.
(el verbo ser leáse en cursiva)

Mira:
           te cuento
entre mis cosas,
te llevo en el bolsillo cuando salgo
te traigo entre mis dedos cuando vuelvo.

A veces te recuerdo, otras te invento
un poco diferente
así, al final,
                          estamos de acuerdo.

A veces, es normal, nos miramos desde el miedo.
Y es lógico no vernos.

Cactus (VI)

He tenido lástima de esas flores pequeñas que crecen a veces entre las piedras.
Es seguro que ellas también tengan su lástima
del cactus frio que no muere.
He pensado muchas veces en el tiempo y en cómo los jóvenes no ven el suelo
por mirar enfermos el cielo.

Se pierden fácil, los distraen las cosas que vuelan.

"¡Son jóvenes!" me grita el viento.

¿Será que a pesar del silencio no tengo paciencia?

Entonces un lagarto pequeño
un pobre animalejo
me despierta
con sus patas afiladas trepándome el cuello.

¡Extraños son los sueños del árbol viejo!
A veces, sueño que muero.
Díga usted si no es extraño.

Cactus (V)

Cuando huyen los verbos
es mejor no distraerse con los adjetivos.
Concentrarse demasiado en este punto
no es bueno.
Siempre sirve aquello
de no perderse el bosque
por mirar el árbol.

Salvo, claro está, que uno sea pájaro.

Y aún así...

Cactus (IV)

Hoy todos los niños son dos huérfanos pequeños,
hijos de madre soltera
de padre que marchó a una guerra.

Huérfanos pobres, sin tios ni abuelas.

Una pared cualquiera nos gana la carrera contra el tiempo,
las vidrieras huelen el delirio y el miedo,
hay más fobias que sueños entre la gente.

Aún así, hay vidas en esta tierra.
A veces, donde menos se lo espera uno
aparecen los que sueñan.

De alguien son los huesos con los que golpean los tambores
...de alguien son
─de alguien fueron.
Hay quienes no piensan en lo lóbrego
y bailan, bailan
porque son duendes.

Hay noches que son de acero
y tardes
de vidrio roto

Yo, cuando no puedo dormir, me cuento las espinas.

Versos humildes a Fidel Alejandro Castro Ruz

Yo sé que has hecho tronar el suelo
que han temblado las rocas a tu paso
que has hecho florecer la sierra

Yo sé que si un Dios hubiera
sería tu hermano
tu alumno
tu mejor soldado

Yo sé que tengo un sueño:
estrechar tus manos
mirarte a los ojos
y en esa dulce somnolencia
decirte
¡Gracias por hacernos más humanos!

Yo voy a volver a recorrer la luna

Yo voy a volver a recorrer la luna,
como corresponde a todo buen poeta.
Sin saber cómo insinuaré una luna llena
inventaré suaves conejos blancos sobre ella
o, mejor, grises y marrones, para que puedan verse desde la tierra.

Sobre la faz, visible solo las noches de cielo despejado
tallaré a cincel un ser fantástico
sobrenatural
capaz de devolvernos la poesía
a los muertos.

Si te sirve de algo un te quiero

Si te sirve de algo un te quiero:
              te quiero.

Si no sirviera
     igual te quiero.

Embellecí una casa con flores

Embellecí una casa con flores;
tenía los ventanales cerrados al sol de la tarde
y de cortinas duras láminas de hierro gris oscuro.
Allí, en ese lugar puse un florero con hermosas flores de colores
de aroma relajante
de perfume que inspiraba bellezas inventadas.

Y ese era el problema: que toda esa belleza era inventada
que el lugar donde habitaba era un lugar sin sol
y aunque pusiera mil flores mi casa no era mi casa.

La tarde que descubrí que las flores morían ahogadas entre tanta muerte
me senté a mirar el techo
horrible, despintado, dejando entrar la lluvia por todas partes.

Y después, bajando la mirada, le repetí a las paredes:
"yo te quería"
cien veces.

Me han dicho que existen límites que no pueden cruzarse

Me han dicho que existen límites que no pueden cruzarse
fronteras imborrables
líneas invisibles que existen
aunque nadie pueda verlas.
Me han dicho que un cuerpo termina en su piel
que es ese su límite
sin embargo

he visto cuerpos sin límites
sin fronteras
sin líneas invisibles que los separen
cuerpos que al unirse
comienzan o terminan ─da igual─
donde se les antoja.