Dos de noviembre

En la casa que murió mi viejo pintaron el hermoso frente de piedra de un inmoral, casi fluo, verde. En esa habitación en la que todavía sueña han puesto una feria de esas que llaman "americanas". En el exacto sitio en el que nunca pudo despedirse de la mujer que amaba, de sus cuatro hijos, alguien vende ropa usada.
En la casa que vivió ─y murió─ mi abuelo talaron un nogal, dos cerezos, tres higueras y un joven limonero. Arrancaron el tilo que los domingos de verano condimentaba sin permiso las pastas o el asado con sus hojitas tercas. Demolieron todo lo que podía demolerse. Echaron cemento en todo lo que podía sublevarse con la brisa y construyeron, sobre los recuerdos, un complejo de pequeños departamentos, tan pequeños que en ellos, ese bíblico gigante que era mi abuelo, ni sentado entraría.
Al cementerio hace años que no he vuelto. Siquiera sé si todavía sigue allí el cajón rojizo de caoba que empañaba con mi aliento de diez años. Y sin embargo siguen allí esa gentes grandes queriendo consolarme de un dolor que me llevó cien años aprenderlo.
Pero, ¿qué culpa tendrían ellos de no enteder un niño algo tan complejo?
Yo he querido volver, muchas veces, a mis muertos. A los de antes, a los más nuevos. Hay muertes pequeñas que también siguen muriendo en tardes como esta.
He soñado tantas veces con el milagro de volver, por un minuto, a pasar por la vereda de esa casa esperando verlo asomarse justo y sonreirle y decirle...no, decirle nada, Saludarlo como a cualquier extraño que uno podría cruzarse en una calle.
Mis muertos están bien muertos, bien guardados bajo la tierra.
Allí dejadlos, que en paz se queden,
que allí son mios,
incluso más
que mi propia muerte.

Mis manos

I
Yo puedo verme las manos
no sé cómo -si amando
escribiendo o trabajando-
pero a veces me sucede
que puedo verme las manos.

II
Mis manos son de otras manos;
fantasmas ajenos
como nubes en otro tiempo
como escarabajos muertos
o un desierto.

III
A veces son garras
enfermas.

IV
A veces veneno

V
A veces cuando me duelen
las suelto por la guitarra,
que jueguen, canten o bailen
según les vengan las ganas.

VI
A mis manos les gusta la hazaña.
Por eso
de vez en cuando
ensayan
cantares de gesta.

VII
Mis manos mienten.

VIII
Mis manos se mienten.
Me mienten.
Nos mienten.

IX
Digámoslo claro:
mis manos no son mis manos.

X
Ni las de nadie.

Yo de política no entiendo demasiado

Yo de política no entiendo demasiado.
Quiero decir que he leído apenas
algunos clásicos
la teoría
la historia
y ocasionalmente leo algunas noticias.

Quiero decir: de la práctica política no entiendo demasiado.
De lo que hacen los políticos.
De los discursos
de las decisiones diarias que se toman
de las guerras y de los acuerdos.

Quiero decir:
yo de política ya entendí demasiado.
Y que los políticos
de política
no entendieron nada.

O tambien entendieron demasiado.

Tareas para hoy

Habrá que seguir, que sobrevivir, que seguir sobreviviendo. Tragarse las ganas de llorar todos los días.
Habrá que seguir apoyando la cabeza en la almohada con la misma indiferencia de todas las noches.
Habrá que seguir creyendo, en alguien, en todos, en uno, en nadie, en lo que sea, en lo que haya,
en lo que alcance.
Aunque no alcance.
Habrá que seguir viviendo, que cumplir horarios, que cumplir los roles, que pretender las pretenciones y fingir ambiciones
como metas a alcanzar en el futuro,
como la zanahoria ante el hocico del burro.
Aunque nunca se alcancen.
(aunque implique descubrirse uno mismo el burro)
Habrá que seguir fingiendo que queremos seguir viviendo.
Habrá que seguir respirando, que cuidarse en las comidas, que caminar veinte cuadras por día, que besar, amar, sonreir, masticar,
tragar
y callarse.
Habrá que quedarse callado. Para no joder a los demás.
Habrá que tener cuidado con las palabras.
Pueden hacer peor que la sal.
Habrá que seguir mintiéndole a todo el mundo la sonrisa y la esperanza.
Que vamos a salir.
Porque aunque nunca salgamos algún día tenemos
por suerte
que morir.

No me dejes dormir este día

No me dejes dormir este día, amor
no dejes, amor,
que siga dando ventajas,
a mi enemigo.

No me dejes dormir este día, amor
no me dejes,
que el enemigo
ha marchado sin pausas
esta noche
y todas las anteriores
y avanza y con violencia
se apropia
de todas las cosas mias.

No me dejes dormir este día, amor
no me dejes morir
esta agonía.

Huérfano

Para ustedes, yo estoy mal.

Para mi, ustedes están equivocados.

De esta diferencia
partimos
nos partimos

y nos separamos.

Las cosas no pasan

Las cosas no pasan:
nos pasan.
Dejemos de creer que una mano invisible
mueve las piezas
sobre el tablero.

No hay equivocaciones:
hay equivocados.

Paremos de romperlo todo
y rompamos algo.

Y que todo vuelva a estar
como cuando llegamos.

A ti, que te gustan los poemas tristes

A ti, que te gustan los poemas tristes,
esos "extraño cada pétalo de tu cuerpo"
o "muero cada noche en tu recuerdo"
Cosas como esas en hojas que el tiempo amarillenta,
en libros de tapas de carton gastado,
en libros con lomos lastimados...

Para tí tengo este poema,
el más triste que he encontrado:

Estamos solos.
Nos han abandonado.

Naturales I

Noche clara.
Un árbol frondoso bajo una redonda luna.
El árbol no piensa la luna.
La luna no piensa al árbol.
Sin pensar en la luz se alumbran, se beben.
Son sabios.

El árbol ignora la palabra "luna".
La luna ingora la palabra "árbol".
Ambos ignoran la "poesía".
Y aún así, son parte de ella.

A veces me rio de tus sueños satisfechos

A veces me rio de tus sueños satisfechos
pobre niño rico
otras, siento enorme pena por los otros
los que no han tenido padres
ni amigos
ni hermanos
los que han crecido solos a la sombra de algun arbol
que treparon hasta el cielo
sin que alguien los cuidara desde abajo.

Porque hay niños que perdían todos los juegos antes de empezarlos.

Mucha gente confunde crecer con olvidar.