Ven, atropéllame.


Ven, atropéllame.
Desentráñame las letras escondidas,
mírame desde el fondo de mis ojos,
ensúciame los pies
con el camino.
Enciéndeme, fúmame, tírame en la acera
y písame con fuerza:
apágame
y media hora después
vuelve a encenderme.
Abrázame, enciérrame: mutila mi espacio;
que mi cuerpo es escaso,
mis brazos dos lazos,
mi pecho es un nudo,
mis ojos un cielo
parcialmente nublado.
Incéndiame:
que yo aprenda
a renacer de las cenizas.

Ven, bésame;
desátame los labios. 

¿Qué sueño? Sueño con poco


¿Qué sueño? Sueño con poco
aunque sueñe mucho.
Sueño, por ejemplo, con tenerte en mis brazos
cada última noche de mi vida.
Y es que no ando por ahí corriendo tras grandes sueños.
Mis sueños son simples, pequeños.
Sueño con quererte como te estoy queriendo,
con tomarte la mano en la calle como el primer día juntos.
Sueño con leer algún libro más, escribir algún otro,
y a veces, con escribir un canción.
No tengo grandes sueños, y ahora
que lo pienso bien, tampoco son tantos
que llenen un poema.
Quizás, si te quedas, puedas ayudarme
y tengamos juntos algún puñado de sueños
para terminar estos versos
porque la verdad, yo, no tengo grandes sueños.

Esa tarde amarilla


Esa tarde amarilla,
anidó un corazón de sangre
bajo un árbol, en la orilla.
Anidó también tu abrazo
y el dulce reposo de tu cabeza
en mi hombro.
Y éramos, así, al sol,
dos palabras sencillas.

Nadie las dijo, porque no eran
las palabras, como la tarde,
amarillas.
Y porque eran, las palabras,
dos palabras sencillas
que no hacía falta decirlas.

Esa tarde amarilla,
anidó mi corazón de sangre
bajo un árbol, en la orilla.
Y dos palabras anidaron
bajo un silencio, en la orilla,
en una tarde amarilla.

¿Y el corazón?


¿Y el corazón? ─preguntas
como si fuera duda que te amara.
¿Y el corazón? ─me repito en el silencio...

¿El corazón?
El corazón, un pez en el océano,
un ave una mañana sin viento
sobre el canto de una rama...

¿El corazón? Tendido en una primavera.

El corazón en vuelo permanente,
un sapo alegre entre tus manos,
un hijo nuevo en tu vientre,
el corazón...

¿El corazón? Un grillo cantor,
un tierno corderito en la pradera
en los ojos de una bella pastorcita.

¿El corazón? Un niño saliendo de la escuela.

Un sonido de delicado tono quebranta el silencio


Un sonido de delicado tono quebranta el silencio
de la noche vacía y sin estrellas.
Es el olvido ─dice una voz;
es la muerte ─dice la otra.

Las golondrinas son la frase más hermosa de una canción
que canto y repito incesante como una lluvia
que no ha dormido en cien noches.
La aurora, ese bicho de amor muerto nos persigue
y nos hostiga, nos roba y nos quita,
nos anima y desanima trazando con sus dedos
un círculo perfecto que es, también, una salida.

Tu orgullo eran dos ciegos que temblaban en el miedo,
los que en sutiles silencios enmudecieron el cielo.
Mientras, en otra tierra, lejana
como el abrazo de la mujer que no nos ama,
una voz recita otro poema y Ella, que ignora que la espero,
lo acepta.

Un sonido de delicado tono quebranta el silencio
de la tarde vacía y sin cielo.
Es la muerte ─dice una voz;
es el desamor ─dice la otra.

¿Ese Ayer estaba acaso en el mismo calendario que este Hoy?
Cuestión de horas hacen al amor
o lo deshacen,
y la misma camisa pura y cándida con que me amaste
se vuelve roja de sangre
y después de una noche negra, llegó más noche.

¿Quién ha despojado al alma de amaneceres?
¿Quién, Amor, dime quién?

Vivir sobre esta tierra curva hace que te vea
desaparecer tras el horizonte
cuando te marchas.
Y yo desprecio tu ida como desprecio el abrazo
que no te dí cuando podía.

¡Mírame! ¡Qué soy el hombre que amabas y
que hoy ignoras!

Un sonido de delicado tono quebranta el silencio
de la tarde vacía y sin cielo.
Es el desamor ─dice una voz,
es la sin razón ─dice la otra.

Hubo una tarde que no llovía
y bajo un árbol anidó mi golondrina,
la misma
que no he dejado de nombrar.

También hubo ─porque había
un corazón hecho de ansiosa espera
y de temblor porfía.
Hubo por haber lo que quería aunque no lo viera
recién hasta perderlo.

Y extrañar no es lo que había.

Un sonido de delicado tono quebranta el silencio
de la mañana vacía y sin cantos.
Es la sin razón ─dice una voz;
es la locura ─dice la otra.

Y es la locura seguir amándote en la ausencia.

Amor...

Amor es cuando el otro entiende que si le das tu corazón, necesitás otro para seguir viviendo, entonces te da el suyo.

Parábola I


Hay en un jardín del lejano Oriente
cientos de hormigas comiéndose las verdes hojas
del rosal de una anciana
que morirá esta misma noche.
Al amanecer la gente humilde del pueblo
descubrirá el cuerpo inerte
y habrá un funeral y una tristeza.
Cuando el ritual termine vendrá la lluvia
y borrará el rastro de los insectos
y reverdecerá el rosal.
Nadie sabrá de esas hormigas
ni del rosal saqueado.
Nadie conocerá el esfuerzo
de estos pequeños insectos
ni sus hambres ni sus prisas.


Quédate. Dejale el río


Quédate. Déjale el río
a los peces que lo nuestro es defendernos
de este abrir temprano de las oficinas
y este saludo a la bandera en los colegios de pago.

Esquivemos el juramento sucio de querernos
que a estas horas y por todos lados
va tocando las bocas de los matrimonios felices
convirtiendo los besos en las sobras de una cena familiar.

La prisa es la costumbre de los que no aman
y en los jardines, ya las hormigas salen por migajas
de hojas pero mi hambre
no se acaba en el café del desayuno
ni mi sed es de agua ni mis ansias de pan.

De ser posible, toda la vida, y un poco más


De ser posible, toda la vida, y un poco más,
de ser posible y si no es mucha molestia,
o tal vez, ¿por qué no? la eternidad.
¡Mire que hermoso suena: "la eternidad"!
¡Cuánta poesía se ha escrito en vano
para decir tan poco y menos aún!
Pero es que bastó mirarla a los ojos
para entenderlo, y aún menos,
tenerla cerca para saberlo.
Pero espero también entienda
lo cursi que esto le suena, dicho así,
a mis oídos sordos de tímido cantor
o a mis fingidas pretensiones de poeta.
Pedir tenerla toda la eternidad suena
a bolero improvisado, a canción de radio,
a un hombre con ganas de tenerla solo un rato.
Pero cuando la vi a los ojos, cuando me vi en su mirada...
la eternidad, Señora, ¡y casi siento que le pido nada!
¡la eternidad es nada, Señora, cuando me siento
y me duermo y me enredo en su mirada!



Ábrete, en las manos


Ábrete, en las manos
flores:
crisantemos negros.
Muertos los cielos:
los celos sin seso,
necios,
sin besos.
No hay en el mundo otra cama
donde se descanse
ni otro cansancio ni otro cuerpo
ni otros besos. 
Éramos dos Eros,
dos fuegos, dos cielos
dos puntos eternos.
¡Oh, Tánatos!
Los necios
eran fuego,
hoy hielo.

Azul


Bebe mi sed, mi sangre, mi pez, mis pobres
ojos de lluvia. 

Cambia las sábanas, la arena, la lid,
las flores de mi tumba.

Una mujer desnuda (te).
Una mujer desnuda (me).
La ciudad se muere azul.

Sentados en la cama
te cuento los versos muertos,
esos
a los que no me atrevo.

Te ríes. Silencio.

Sonríes. Te amo. 

Te ríes de nuevo.

Sabemos el juego:
entonces...

En todo te conviertes y mueres. 
Resucitas desde tu vientre. 
Te llenas, y llenas 
la noche 
de lunas nuevas.

Vuelas. Agitas
el aire
con tus alas.

Mueres o matas
─la muerte es nada─. 

Laureles me pones.
Te diviertes,
juegas.
Me provocas.
La lluvia cesa  
─¿o acaso 
era un sueño?

Una mujer desnuda
se ríe en mis ojos.

Un beso y se eleva.
La lluvia vuelve y ella
que es curiosa
va a tenerla.

Flores eres, balcón y jueves. 
La lluvia, 
el sigilo del macho que acecha 
las espaldas desnudas de una hembra. 
La ciudad se muere azul
dos veces.

No hay estrellas. 
Ni una sola en todo el techo
pero tú...
pero en tu pecho...
Eleva tus pecas
que las reclama el cielo.

Una mujer desnuda
suspira en mis espaldas.
La ciudad se muere azul
tres veces.

La lluvia nos olvida.
Una mujer que abrazo sueña desnuda
mientras yo
sueño desnuda una mujer que abrazo.

Todo se muere azul,
termina.


Innovaciones Amorosas

Te hamo,
así, sin acentos
ni faltas de ortografía.
Te hamo, así,
después de haber amado,
de haber escrito al amor,
he decidido
hamarte.

Házme en tus manos


Házme en tus manos
...


Házme poema,
verso,
pájaro suelto,
vivo fuego o
mar sereno.



Házme abismo
precipicio
eco
de mi mejor
silencio.




Házme tus armas,
declara (me)
tus guerras.


Házme el viento
en tu pollera
y bajo sábanas
tus besos.


Házme la noche,
la calma y desnuda
violencia
de los dos amantes.

Házme el tiempo
quieto,
el paraíso
ido;
házme el encuentro
y el desencuentro
y házme feliz
al final del cuento.

Házme en tus manos
como si fuese
arcilla
pero por favor
házme,
mujer,
que no estoy hecho.





Nunca cierro las persianas de mi casa


Nunca cierro las persianas de mi casa
porque de cerrarlas sería posible
perderme una lluvia, una helada
o dormir hasta entrado el día
por no encontrarme con la luz del alba
y perderme una mañana.
Nunca cierro las persianas de mi casa
para no perderme yo
entre cuatro paredes blancas.

Tu eres el pájaro que vuela y no se encierra


Tu eres el pájaro que vuela y no se encierra.
Tu eres la sombra de esta mañana gris,
la lluvia, las luces encendidas
antes del mediodía.
Tu eres la arena y el agua, y el tiempo,
y las nubes y la vida.
Yo soy todo lo demás:
lo detenible, lo finito.
Tu eres agua como lluvia, yo el río en su cauce
tu eres viento, yo suspiro.

¡Qué absurdo silencio el de los tigres...


¡Qué absurdo silencio el de los tigres
cuando la sabana se obscurece
y se hace eterna la sombra de los elefantes!
Esa hora en que los cuervos desperezan sus alas
o la serpiente envuelve la rama con sus aceites
o la jirafa descansa la vista infinita que le dio un dios negro y desnudo.
Todo es salvaje silencio y algún vuelo apenas si alcanza a rozarla a la noche como un látigo.
Los jazmines, lejos, se desprenden de la tarde muerta
y reencarnada en los aromas blancos de la negra noche
y los cristales se enfrían aunque afuera, en el jardín, la noche esté tibia.
Todo se duerme menos el instinto del hombre que ama
y en su desvelo nombra a una mujer.
Allí, en la distancia circular del planeta,
donde el horizonte resbala lento y cae
en las fauces hambrientas del amanecer,
está ella, que espera y que sueña y que no sabe
que mientras acaba el último delirio onírico de su imaginación
un hombre batalla con su suerte queriendo dejar de pronunciarla como un loco
para morirse de una vez en la noche y asesinarse el futuro con un sueño imposible.

Es normal estar confundido...


Es normal estar confundido, tener dudas, tener miedo.
Es normal no saber a dónde va uno y su vida,
a qué aspirar o contra qué medirse
para saber si está haciendo las cosas bien o mal.
A veces un sueño nos desbarata todo el esquema
que con tanto trabajo habíamos logrado construir.
En un segundo, una palabra, un rostro que cruzamos en la calle
nos deja tirados al costado de ese seguro camino que c
reíamos recorrer.
A veces es normal no saber qué hacer, o cómo,
porque lo común es que vivamos como seres humanos:
confundidos, envueltos en incertidumbres
porque vivir es ir por la vida aferrados a ilusiones y esperanzas
tan frágiles como la cáscara de un huevo.
Es normal estar confundido, o sentir a veces que uno está quebrado.
Es normal, pero más todavía es humano
dudar, temer, preguntarse y repreguntarse
qué es la vida y si estamos, o no, en el camino correcto.
Es tan normal como ser humanos querer ser felices y,
a pesar de todo, seguir intentándolo cada minuto de nuestras vidas.

No ha sido vana la jornada


No ha sido vana la jornada,
y ya la noche llega y pone
ya sobre la almohada,
ya sobre los versos,
la cabeza del hombre que ve
caer la helada en la ventana.

En este momento mueren todas las palomas


En este momento mueren todas las palomas
y todas las plazas;
mueren los carros, las oficinas; los árboles
se van apagando hasta volverse
sombras negras en la ventana.
Se terminan las conversaciones en los bares,
se acaba el chusmerío,
el griterío incesante de los niños,
las quejas y rezongos entendibles
de los adultos.
Se apagan los televisores, los computadores
los radios y todos
esos aparatos que han sido
las manos de las mucamas.
Se ha muerto el sol, y el cielo, y las nubes
dejan su lugar a unos fantasmas
que bailan en orgías con la luna.
Se han muerto el día y los labores
y pronto ─ya es la noche─
también habrán muerto los hombres.

Micro-poéticas


I
La poesía es la derogación absoluta de todas las leyes del universo, el triunfo de lo concebible por sobre lo probable.


II
Todo empezó hace mucho, en una rima o un simple verso. Lo demás no lo recuerdo, fue un huracán que se llevó el viento.


III
Y es que me aburro, ¿saben?, y se me antoja, entonces, gritar en silencio todas esas cosas que no tengo para decir.

IV
¡Estas no son horas de andar por el viento! ─les dije una noche a mis versos. Sordos serían, porque no volvieron hasta el otro día. ¡Versos! ¡Mejor sería criar cuervos!

V
¿Quieres saber un secreto? Hoy no me dejaré escribir. Mejor vete a dormir─ me dijo el poema. Y yo le obedecí. Discutir con un poema es como discutir con una mujer.

VI
He desbastado la soledad como se tala un árbol, sin pensar que el bosque seguirá viviendo allí, entre la hierba inapagable y el cielo inalcanzable.

VII
Alguien derrama una lágrima. Alguien la recoge. Y el amor sigue su tortuoso recorrido por la selva humana.

VIII
Construí cadenas. Yo, que quería puentes.






No soy, he sido


No soy, he sido
un largo camino:

semilla planta árbol

madera guitarra canto

poema libro poeta

No he sido, soy
un ser sostenido.

Mudo encierro el de tu cuerpo ausente


Mudo encierro el de tu cuerpo ausente
cuando una luz, que se apaga y que se enciende,
desbarata así las horas de todas las mañanas.
Quiero ser tu ausente pájaro devuelto
de pronto, y sin razón,  a las fuentes
que un invierno centenario no ha logrado endurecer.

Dos amantes que se besan en un parque
desgastan besos que otros, ya quisieran,
gastarían como gastan
la noche, las lunas y el día, los soles.

Dime tú quién puede ser el alma
de esta aurora desafiante como el diente
de un felino, o la pluma de un poeta encarcelado.

Todo esto, y más también,  me  ha traído un viento
montado en los colores en los que esperaré la muerte.

Mientras tanto,
que me nombres recostada en tu noche sola,
que me pongas en tus labios como un dedo
que se posa en unos pechos
me delata, me persigue como un sueño, o pesadilla,
y me despierta
de ese otro sueño que es la vida.

¿Será feliz la primavera que se aproxima a los amantes
o será el silencio en el que muere
la inconclusa sinfonía?

Tu caminas ya recorriendo los senderos
que he trazado en mis jardines. Yo,
en la ventana ciega de la torre en que me encierra
mi poema te descifro y te adivino en tu forma de luna
o de médano, o de ensueño.

Hay, todavía, un pájaro rosado que canta al amanecer
y un lago de aguas blancas sin orillas
y un asedio interminable de tu nombre
haciéndole cosquillas a mis noches.

Recorro con la punta de mis dedos


Recorro con la punta de mis dedos,
suavemente, como si te acariciara,
las venas dibujadas sobre un mapa
inventándome el camino que separa
el lugar donde te encuentras
del lugar donde me faltas.

Escupo las palabras que me están...


Escupo las palabras que me están
sobrando. Las devuelvo al viento.
Me deshago de ellas o ellas
se deshacen de  mi. Sonidos
fabricados para ser escritos
y perdurar por sobre el hombre
que los suelta en un papel.
Ironía que define, a la vez,
a la poesía y a la música:
ser, ambas artes, sonidos escritos.

Son tus milagros mujer


Son tus milagros mujer,
tus pequeños milagros de cada día
como el café de la mañana,
la siesta, la sobremesa después
de la cena. Tu cotidiano modo
de volver poesía
cada simple acto de la vida.

Me cerraste las palabras con un beso


Me cerraste las palabras con un beso
que fue, en mis labios, el mejor verso
que pudiera escribirse.
Te acaricié el cabello, te besé con la mirada
los ojos negros
y ardió una tarde de invierno
que parecía condenada al hielo.
Son tus milagros, mujer,
tus milagros de hembra destinada
a despertarme.

Si hoy pudieras


Si hoy pudieras
ver la tierra
desde el espacio
estoy seguro que verías
por todas partes llamas
resistiendo al viento
inquietas por seguir ardiendo.

He decidido crear silencio

He decidido crear silencio,
guardar la palabra en una urna
que es el lugar que corresponde
a todo lo que ha muerto.
He decidido no pedirte más
que pases y me leas, que te aburras
con mis constantes achaques de viejo renegado que ha dejado
en un suspiro
todo el aire que guardaba para el día
que tuviera un beso para dar
o recibir.
He decidido quedarme en silencio
y dedicarme, en mis ratos libres,
a pensar en ella.
He decidido que no hay sordo peor que
al que le gusta gritar.
He decidido que hay ciegos pero también
hay quien no ve por no quitar la vista de un espejo.
He decidido que es domingo,
y que este invierno
lleva siendo ya el más frío
de los últimos cien años.
He decidido que por hoy no tomaré
ninguna decisión.
Te obsequio estos versos,
y me voy.
Quisiera que entiendas que quisiera ser más alto
y tener otros mejores.
Pero no los tengo.

Propongo


Propongo
desconocer a las celebridades,
ignorarlas en la calle, o en el restaurante.
Fingir que ignoramos quién es
ese tipo cuando encontramos
al alcalde
en la panadería.
Desconocer a los futbolistas
que idolatramos
el domingo por la televisión.
Propongo no enterarnos
de los resultados de la última elección presidencial;
ignorar a propósito una nueva ley
o el más reciente impuesto
que alguno creyó oportuno.
Propongo no soñar con la vedette de turno
ni alegrarnos con el triunfo
del destacado deportista de nuestra comunidad.
Propongo olvidar el día de cobro en el trabajo
y el horario
y llegar, unas dos horas tarde,
y con cara de enojados gritarle al patrón
por no habernos
despertado a tiempo.
Propongo conformarnos con tratar,
un día, una tarde,
a gente común y olvidada como nosotros.
Enamorarnos de una vecina que no sea
tan bonita como la actriz de moda,
reírnos con la gastada broma del viejito de la esquina,
leer la lista de precios del almacenero.
Quedarnos horas mirando el árbol que hay
frente a nuestra puerta y discutirle si fue off side,
si hay inflación o avisarle que lo está engañando
esa tramposa voluptuosa para quedarse con su fortuna.
Propongo que hoy, o mañana,
tampoco es que sea urgente,
miremos un rato el cielo, leamos las hojas de un árbol,
nos aflijamos con el aumento de caracoles en el jardín,
nos emocionemos con el vuelo de unos pájaros.
Propongo,
si es posible y es que hay alguien escuchando,
que volvamos a ser gente
al menos, por un rato.

Los desconocidos


Somos los desconocidos. Los
anónimos peatones de ciudades vacías
y grises. Los votantes, televidentes,
radioescuchas, lectores, alumnos,
empleados, los que toman un café, los
que compran los diarios, o van a la panadería
y al mercado, los que conducen los coches,
van al médico si se enferman o no duermen
por un dolor de muelas.
Los que olvidan un aniversario, o se juntan
a celebrar un cumpleaños en familia o
con amigos, los que compran leche y carne, tienen perro, gato,
llevan los chicos al colegio, pagan cuotas, compran televisores.
Los que a veces vacacionan donde pueden,
los que cobran un sueldo, los que nunca
llegan con el sueldo a fin de mes, los hijos, nietos,
hermanos, padres, abuelos, tíos, sobrinos, primos,
los que se compran un par de zapatos, los que cantan en la ducha,
los que ríen, lloran, aman, sufren, viven, mueren...
Somos la gente, los que están detrás de los gobiernos,
de la televisión, de la computadora, de las hojas del diario,
de las encuestas, de los resultados de una elección,
de un documento nacional de identidad.
Nadie nos conoce. Nadie nos lee. Nadie nos mira más
que un breve instante y nos olvida cuando nos cruza en la calle,
nadie nos escucha, nadie nos admira.
Somos la gente, los que solo dos veces salen
en el diario local y nadie los recuerda más
que por haber sido compañeros de la escuela, del trabajo
o amigos de una novia o novio de una amiga o de una hermana
o de una hija. Somos los desconocidos que han nacido
y morirán, sin haber sido jamás, los conocidos.



Supo amar, una tarde, o dos, a orillas de un arroyo


Supo amar, una tarde, o dos, a orillas de un arroyo,
y olvidó, por una tarde, o dos, lo que es ser hombre.
Sucede, a veces, esta paradoja y en un par de senos
generosos, se olvida el hombre de ser hombre.
Le ocurrió a este sujeto, una o dos veces, a orillas de un arrollo
y entre los senos formidables
de una amante generosa se le fue un poema
para el cielo y lo perdió como perdió
su momento de ser hombre en la mujer.
Buscó con ansias reencontrarlo ─o reencontrarse─
entre esas flores que crecen silvestres en el vientre de una amante
y ella, formidable y generosa, le dejaba
hacerle trampas a la tarde porque dijeran,
los pétalos desohjados un "me ama" y consolarlo
a su poeta hombre que se le iba hacíendo niño
entre sus senos para amarla.

Qué atroz imposición es tu belleza


¡Qué atroz imposición es tu belleza!
Temo el día en que soldados de la democracia
te arranquen de mis ojos
con su estúpido pregón de libertad.
¿Acaso no soy libre de entregar mi libertad
ante una mujer que me perturbe?
Muchos hombres caen vencidos cada día, cada hora,
ante el dinero, el poder, la corrupción y yo,
que solo he permitido esta derrota ante tu encanto
soy puesto pronto como ejemplo
de mediocre entrega y nula resistencia.
¡Qué tristes estarán los hombres que por mucho menos
han vendido el alma, el cuerpo y hasta al perro!
Tan solo un lujo puedo permitirme en mi pobreza: Tú,
riqueza inagotable de ternura, encanto de belleza inmaterial.
Voy a encerrarme esta tarde en este cuarto solitario
a pensarte. Tú, quédate mi libertad si la pretendes
pero algo, mínimo y escaso, no me importa, debes darme a cambio:
la esperanza, solo eso, y me conformo
con que dejes que te espere.

Qué simple es pedir desde aquí


¡Qué simple  es pedir desde aquí
que no bajen los brazos, que no pierdan la fe!
¡Con cuánta simpleza deslizo un verbo,
o un adjetivo, que los ilumine,
mientras sois vosotros los que van
a tientas y ciegas por la obscuridad!
Me ha tocado ─sin valor ni resistencia
de mi parte─ una cueva luminosa
donde el sol golpea las ventanas
cada día. Y me he quedado.
Me ha faltado valentía y cada día
me propongo huir del cemento y las baldosas
y meterme en las trincheras.
¡Con que facilidad los versos se me escapan
hacia donde no los necesitan!
Allí siguen cayendo como rayos
los golpes y yo aquí,
compañera, esperando que tu leas
estas ganas de aplazar el verso
para cuando sea necesario celebrar
y dividir temblores y tormentas entre dos.
¿Quién podrá creerme si digo que me aburro
en esta casa de ternuras y alegrías
y que quiero, al menos hoy, estar
en todas partes, pero más, en las que llueve y es preciso
apretarse en la trinchera y resistir.

En la cumbre


En la cumbre,
un reflejo del sol
se vislumbraba.
Soñamos alcanzarla,
capturarla,
pero la luz se hallaba
lejos, muy lejos
de los hombres.

Lejos, muy lejos,
nos brillaba
esa vaga luz
de la esperanza
en nuestras caras.

Fuimos hombres
y mujeres a buscarla.
Fue imposible
no era luz
para enjaularla
sino el sol
mismo el que hablaba.

Vana ha sido
la esperanza.
Mantenemos, aún así,
la esperanza.

He vuelto el rostro a las tardes placenteras


He vuelto el rostro a las tardes placenteras
en las que tus ojos eran, por momentos,
toda la paz, necesaria, verdadera, que tenía.
He dado la espalda esta tarde a todas tus caricias,
me he perdido en otro laberinto si notar,
¡ay de mi! que te perdía.
No he querido dejarte como te dejé, esperando.
No busqué jamás el despertar de esa lágrima
inocente y sincera y más aún, bien merecida.
No he dejado de amarte ni he perdido la razón
que nos unía.
Solo he vuelto el rostro a tu inquietante dulzura
por un mínimo tiempo esta tarde
para descalzarme, no de ti, sino del mundo
mientras sigo en esa huella desprolija y ciega
de lo que ha venido al mundo para ser cambiado.

Soy esa sombra que ves pasar...

Soy esa sombra que ves pasar con el rabillo del ojo. La sospecha de un fantasma, ni siquiera el fantasma mismo.

Alas, mariposas, todo vuela


Alas, mariposas, todo vuela
en el mundo mágico
de las gentes que se aman.
¿Será el amor el sueño de los locos?

La Montaña


I. Obertura (explicación):

Todo lo que quería ser era aquel río
que la bajaba sin reconocerla.
Pero era montaña,
condenada a ser la piedra
eterna
y sin mar.


II. Primera Tristeza (habla la montaña):

De consuelo tengo
─pensaba la montaña─
los brazos de los cardones.
A las espinas uno se acostumbra y,
de todos modos,
¿qué abrazo hay que no duela?


III. Coro (Primera Hamartía)

En la cordillera
cada montaña se sueña diferente.


IV. Segunda tristeza (habla la montaña):

"Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente"...

leía la montaña y
el cardón con atención oía.
"¿Dichosos de qué?"
se preguntaban.


V. Coro (Segunda Hamartía)

Creer que la montaña no sueña es no creer.


VI. Intermedio (Poética de la montaña)

La montaña, esa eternidad,  se inventa el tiempo
contando las palabras de los ríos
que la bajan en silencio.


VII. Tercera tristeza: Peripecia (habla la montaña)

Siempre he querido ver el mar,
dijo la montaña mientras soñaba
que la cordillera era el océano y cada
montaña era una ola
y todas podían moverse
y todas podían hablar
y todas podían soñar.


VIII.Pathos

"¿Quién eres?" preguntó Dios,
"Soy la montaña" respondió ella.
Y Dios, compadecido, le contó que para ella
no había Cielo porque
no había muerte.


IX. Coro (Anagnórisis)

Vivía la montaña esperando al viento y a la lluvia
desde que había leído,
en algún libro, sobre la erosión.


X.Lamento final

Cuando el tiempo, ese viejo más viejo que cualquiera,
terminó de gastarle la dura piel,
la montaña se convirtió en fantasma.

Última ambición


Un día se hartó,
se hizo arroyo, se dejó llevar
hacia el río.
Descansó en una última ambición:
esperar al mar.

Uno se harta, simplemente, de fingir cordura.


Uno se harta, simplemente, de fingir cordura.
La poesía es vivir en la puerta
de un loquero.
Nunca uno está del todo fuera,
nunca del todo dentro.
Uno duerme en el umbral como un perro
que apalean quienes ostentan
el título de propiedad del edificio.
Ellos, los que tienen, no sueñan, y encierran
a los que miran el cielo y ven
autos, árboles y barcos, pero nunca aviones
y no reconocen los pajaros como algo extraño.
Porque en la tierra también se ven cosas inciertas
pero en la tierra no cuentan
porque viven, los propietarios de cosas,
con los pies en ella.
Otros andan volados casi todo el tiempo,
unos, pobres locos, no encuentran nunca
el camino de regreso y, otros,
apenas lo encuentran ya sienten el miedo
de lo que despiertos vieron.
Todos hemos tenido un sueño o dos
para encerrarnos, entonces,
¿quién decide encerrar y quién
dejarse encerrar?
Solo hay dos clases de locos:
los que se encierran
y los que encierran.

Ser poeta


Ser poeta nunca fue mi ambición ni mi deseo. Más ha sido como una enfermedad metida en la sangre que una vocación.
Un día supe que tenía un "te amo" que decir, pero ella ya no estaba.
Entonces lo escribí. Ese fue mi primer poema.
Como el síntoma de una enfermedad incurable había aparecido una mancha de tinta negra en mi pulgar.
Y otra mujer leyó ese poema, y otros,
pero también los olvidó.
Y un día supe que los poemas no tienen dueño ni título de propiedad, y que encuentran cierto placer en volarse lejos.
Entonces alguien me dijo poeta. Y acepté el juego de sentirme poeta.
Pero nunca olvido que mi verdadero oficio es criar pájaros y echarlos a volar.

Préstame un rato tu sombra

Préstame un rato tu sombra 
que hoy desperté 
con ganas de bailar.
La imperfección es lo que define a la realidad y la diferencia de la utopía y del idealismo.

La Resistencia


¿Tienes algo que sea tuyo,
realmente propio,
o todo se te ha prestado
para que lo cuides y siembres
el mundo de versos?
¿Quién te ha dado el verso?
¿Una mujer? ¿O la misma muerte?
¿Acaso tus versos salvarán al mundo
de la indiferencia fatal
de todos los hombres?
Tu vanidad, Poeta, será la carcajada
estrepitosa
de la muerte última y final
cuando ya no quede nada.


                             (Arte poética, Tandil,
                                     mayo de 2012)

La nada


Te pareces tanto a mi sombra,
a mi forma sin luz,
a mi noche obscura.
Tus ojos son del color de mi ausencia
y cuando lloras eres la misma lluvia
que riega la triste desesperación.
¡Somos tan poco, amor, tan nada!,
que poco sabe de nosotros
la mañana.
Y nosotros, tan atardeceres,
tan ocasos,
tan preámbulos de un horizonte negro
de una inútil infinidad de estrellas
brillando redundantes
sobre todos los ojos ciegos.
¡Tanto esfuerzo vano en ser amados
sin pensar siquiera
una vez
en ser nosotros
los amantes!

Surrealista


Encontrarte sería fantástico,
verdaderamente, reencontrarnos
con los ojos, en la calle, una tarde y sonreirnos.
No medir el tiempo sin vernos en arrugas,
o en facciones un toque diferentes...
al fin y al cabo por dentro
siempre estamos como siempre,
y eso es bueno...
y también verte, qué alegría
no esperaba...yo tampoco...
y sonreirnos.
Que lindo sería encontrarte
en la calle, una tarde, y sonreirnos.

No pensarnos en pasado, sonreirnos,
sin importar quién fue el primero
ni quién el último al final
es lindo verte de nuevo supe
lo de tu viejo, mejor no hablemos
de eso que ando apurada, mejor contame de tus cosas
te ves mas viejo, andás barbudo
y esa risa
que extrañaba sin saberlo y en silencio
y si claro, es que el tiempo...
y que lindo que fue verte,
y reencontrarte en una calle, en una tarde, en este invierno...
y sonreirnos.

A veces te sueño


A veces te sueño
entre flores súbditas
y obedientes. Ama y señora
de todas ellas.
Te encuentro, en ese sitio sin tiempo,
en el que presencias aún desconocidas se han ido
o permanecen aún después
y encuentras besos que se han perdido
aún antes de tenerlos.
Es un sueño, claro e irreal
como un fantasma
o un recuerdo.
Pero hay algo en esa mezcla de presentes discontinuos,
pasados futuros
y futuros ficticios,
que hacen del sueño un alimento
y una sed saciada
y otra sed sedienta.
"Son aguas que has de dejar correr"
me han dicho
otros que no sueñan,
son sueños y visiones,
nada real detrás de la cortina,
entonces...
¿por qué esta necesidad imperiosa
de correr un velo
negro de recuerdos y ausencias repetidas?
Anoche he vuelto a soñarte
y eras real y tangible aunque otra fueras o no fueras
que ya casi es lo mismo
o parecido serte sueño
─si es que sueñas─
que recuerdo
si no has vuelto.

Los enamorados


Dos borrachos por un laberinto de calles sin nombres, descifrando jeroglíficos en las puertas, buscando la combinación conocida y olvidada de un nombre y una cifra que la memoria esconde en algún lugar con el nombre de casa.
Esos dos, son los enamorados.

¿Qué tierna...



¿Qué tierna
esperanza me queda
aún cuando ha sido
tan claro el desprecio
con que me has vencido?



¿Qué juegos...



¿Qué juegos
juegas que dices
mieles y dejas
amargas ausencias?




¿Qué versos...



¿Qué versos
ha de escribir el poeta
para enamorarte
si acercas tu boca
y apenas
del pan me das las mijagas?



¿Qué piel...



¿Qué piel
no han tocado mis manos
más que en el sueño escaso
de tenerte a mi lado?



¿Qué labios...



¿Qué labios
guardarán el secreto
de no haber sido ni ser
lo nuestro 
más que algo muerto?




¿Qué beso...



¿Qué beso
que no he dado
germina violetas
en mis labios
como invade la hierba
el descampado?




¿Qué boca...



¿Qué boca
se atreverá
a dar el beso sabiendo
que todo en esta vida
termina muerto?






El ejercicio imperfecto de encajar los versos

El ejercicio imperfecto de encajar los versos,
la falsa intelectualidad de un poema
catalogo,
la lista de todas las cosas
leídas
en una enciclopedia.
El falso conocimiento de las cosas,
la apariencia bohemia y
detrás
la realidad.

Ha vuelto. Como una novia de antes

Ha vuelto. Como una novia de antes,
a la que ya no se espera,
la inspiración.

Coplas

Camino de tierra es la vida,
huellas de polvo dejamos,
en un instante el presente
se nos convierte en pasado.


El agua del río es fresca
porque no tiene memoria
del manantial y el recodo
ni sabe que el mar la espera.

El amor es como un sueño
del que siempre despertamos
con un sabor en la boca
que ni es dulce ni es amargo.

Se pagan caros los besos
que no se dieron a tiempo
pero más caros aquellos
besos que nunca se dieron.

Se nos va yendo la vida
corriendo tras la alegría
que el mundo está de tristeza
más lleno que de pobreza. 


Se dicen cosas a veces
por solo mover los labios
se piensa poco y se habla
a veces mas de la cuenta.


De pan se alimenta el hombre
que bien gana trabajando
pero no hay pan que lo llene
si anda faltando el trabajo.


De tierra y arcilla somos
como muñecos de barro:
los pies se gastan andando,
el alma se pierde amando.


Inclina un poco la cabeza y bebe

Inclina un poco la cabeza y bebe
del agua fresca
de esta tarde otoño gris dorado
de hojas secas.
Alimenta la siesta con abrigos
cantores de pájaros.
No vuelas, sueñas,
enciendes otro espacio y creas,
imaginas, creaturas ilusorias
de sutiles gentilezas que fragmentan
los vapores ciertos de una tibia muerte
en un orgasmo.
Y resucita,
a la tarde joven que aún espera
ver ojos abiertos justo
cuando la piel se enjuaga
en una última, final
y acabada
bocanada de humo.

Traes tu cántaro

Traes tu cántaro
y se rompe
en el abrevadero,
los jilgueros,
pájaros cantores de la mañana
se bañan en tus aguas.
Un día no nace,
es siempre resurrección

Una miniatura

Una miniatura:
mi nombre
ante tu exagerada ausencia.

Las golondrinas se marchan

Las golondrinas se marchan
y el mar es infinito,
como también lo son
la tarde, tu nombre,
y tu ausencia.

Vana será su muerte cuando lo borre

Vana será su muerte cuando lo borre
y la sombra que dejará inquieta
en el rabillo del ojo
de una mujer que supo ser su compañera.
Vanos los versos, esos silencios
que quiere gritar.
Le han cortado la garganta al poeta, lo han muerto
de silencio, le han talado la garganta y le han dejado
la voz tan muda que tan en vano será su vida
como será vana su muerte.
Y es que quizás la muerte eche
un recuerdo de vaga luz sobre su sombra
pero será, igualmente, un hombre
que ha sido y ya jamás traerán de vuelta
las manecillas de un reloj.
Un verso quizás le llore,
pero será la misma voz, la muda,
con que pregonan hoy Su nombre.

¿Crees que el tiempo es ilusión...

¿Crees que el tiempo es ilusión de hombres?
Pues prueba con un abrazo y verás
como el espacio es de nubes
más que de dura roca.

Quiero aprenderte desnuda. Leerte...

Quiero aprenderte desnuda. Leerte
como un ciego
con la yema de mis dedos.
Morder
los puntos suspensivos de tus pezones.
Terminar en poema.

¿Ves esa puerta? Te lleva...

¿Ves esa puerta? Te lleva
a donde tu quieras.
No tiene llave, solo un trampa:
no es real mientras la sueñas.

Ahora tendré que sacarte para siempre

Ahora tendré que sacarte para siempre
de la cajita de madera negra
donde guardo los tesoros.
Tendré que aceptar que fue escasa esa mirada
que busqué, en cada esquina, hasta encontrarla
una tarde generosa en los balcones.
Habrá que resignar las tardes de esperarte
entre la gente,
quitar las violetas del florero y guardarlas
entre las hojas de un libro de poemas
y esperar, que un día,
la vejez te traiga
como un recuerdo dulce
y dejar, de una buena vez, de preguntarme
¿Por qué te despides?

¿Qué verso inútil y mal habido te trajo...

¿Qué verso inútil y mal habido te trajo
a estas manos secas, a este pecho enfermo
de presencias de humo como fantasmas
de hijos muertos sin nacer?
¿Qué poema nefasto y mal hallado te dio
el permiso de usurpar mis sueños,
pisotear mis jardines, revolver las cajas
apiladas del altillo?
¿Acaso el mundo no era ya bastante grande
y solitario y gris sin tus ausencias?

Mujer: aléjate de mi antes que rompa

Mujer: aléjate de mi antes que rompa
los finos hilos de tu fe.
Mejor será que mantengas
prudente distancia de mis manos
antes que pueda tocarte.
Aléjate con prisa que más rápido me enamoro
de lo que hablo -y de hablar trabajo-
y pronto estaré jurando quedarme para siempre
cuando en verdad ya antes
de terminar el juramento
estaré soñando que otros brazos
y otras bocas...mejor,
aléjate, mujer, antes que empiece a soñarte.

Coronaste mi frente con espinas

Coronaste mi frente con espinas,
sorteaste mis prendas,
pusiste mis brazos en un madero.
Te burlaste de mi fe, de mis ansias eternas
y calmaste mi sed con vinagre.
Mi cuerpo blando fue llevado hasta la piedra
y allí ha quedado, esperando,
el milagro.
Al tercer día vendrán amigos
a buscarlo
con vanas esperanzas.
Porque dejaré a la infinita muerte ser
un souvenir de tu ultraje,
para que también tu crimen
sea infinito.


El aliento escaso, alma en pena

El aliento escaso, alma en pena
de un beso abortado, un parto
interrumpido...
Dos bocas
quedaron huérfanas
en una casa
habitada
por los fantasmas de sus hijos muertos.

Maldita la vida, maldito el mundo

Maldita la vida, maldito el mundo,
maldito sea todo
lo que no has tocado
ni te ha visto.
Malditos los versos que escribo
cuando quiero besarte.
Malditas estas ganas de tenerte,
y este tenerte estas ganas.
Maldito todo
lo que sea quererte
y no quererte querer
y quererte sin embargo.
Maldito el poeta que te sigue nombrando.
Maldita tú, por haber jugado,
maldito yo, por haber creído.

Estaba pensando, con estas tardes de sol

Estaba pensando, con estas tardes de sol,
en sacar a pasear un poco
estos besos de departamento sin patio.
Un tarde cualquiera, un día
que tengas el tiempo y las ganas
de acompañarme. Llevarlos a correr
por una plaza o un parque. Que
respiren aire fresco y aprendan un poco del mundo.
De ser posible,
soltarlos por tu vientre para que juegen
con las mariposas de tu panza.

Se busca una mujer amante de lo imposible

Se busca una mujer amante de lo imposible
que guste de enfrentar retos
de superarse a través de desafíos.
Se busca una mujer capaz de recorrer el camino difícil
que desprecie los atajos
y cure con sus manos.
Se busca una mujer capaz
de enfrentarse a los abismos
terrible de una soledad eterna,
de un invierno que no agosta jamás.
Que sacie sedes desérticas,
que sepa ser oasis sabiendo que alrededor
crecen alacranes y que hay
arenas -y las arenas suelen ser infinitas-
entre gota y gota de agua.
Se busca una mujer que venga a salvar a estos huesos
sin miedo a lo imposible.

Lo mismo se pintan bocas con vino que con veneno

Lo mismo se pintan bocas con vino que con veneno
y así es que cuando dan besos
lo mismo matan o hacen
esclavo al hombre más bueno.
Lo mismo se pintan bocas para el amor o para la guerra
y lo mismo besa y nos deja
la piel ardiendo o te quema
de un último beso helado
una mujer que nos deja.
Que no hay mujer que no tenga culpa para condena
ni santo lugar guardado
en el cielo por sus milagros.
Lo mismo matan que llevan a un buen hombre hasta el cielo
y, si existe diferencia nosotros, no la sabemos.
Lo mismo elegimos pronto a la buena que a la que vuela
y es cierto que muchas veces,
es la que más nos interesa
aquella que no conviene tan solo porque entretiene.
Lo mismo dicen que aman o bien, que ya han olvidado,
¡mujer, tu boca debiera   
estar prohibida por loca!

Mi cama es una nación con las fronteras anchas

Mi cama es una nación con las fronteras anchas
y cuando digo que te quiero
tener dentro de mi cama
pienso quizás en un banco en una noche de plaza
detrás de una cortina
impuesta por la neblina,
o pienso en una mesada, o mesa, en una cocina
o detrás de una puerta
que dé a alguna escalera
o en el balcón cuando llueva.
Mi cama es una nación ancha con fronteras que abarcan
todo lugar que te plazca
para querernos
como Dios manda.

Tú y yo no tenemos razones para estar juntos

Tú y yo no tenemos razones para estar juntos.
Se nos ofrece alguna que otra excusa
que bien sabemos aprovechar
pero razones...nos faltan
razones para estar juntos y sin embargo,
aquí estamos envueltos,
con los cuerpos apretados,
en un amor
que no necesita razones.

La rima trepa un árbol y se cae

La rima trepa un árbol y se cae,
se rompe las costillas,
el golpe me la asfixia
y todo se termina.
El poema, se me vuelve una utopía,
se me marchan erguidas
las palabras, sorprendidas,
dicen
que era todo una mentira,
una trampa, ofendidas
me dicen que derecho no tenía
yo a promesas de poesía.
Pero todo empezó por una rima.
Toda la culpa la tenía
ese espíritu travieso
e infantil de algunos versos.
Yo no tuve ni tenía
nada más
que buenas intenciones,
pero ahora
¿cómo explico
a la poesía
que no hay verso
que de un golpe se me han
roto las rimas?

Se me metió en la soledad. Se me arrinconó

Se me metió en la soledad. Se me arrinconó
entre las telarañas del pecho,
y se me quedó, acurrucada, con esa sonrisa enlagrimada
y su silencio con alma de reptil.
Me amontonó, sin que se lo pidiera,
la basura del altillo,
pintó algunas paredes con colores poco exagerados.
Y así, de a poco, se me fueron haciendo innecesarios algunos nombres
que todavía recordaba.
La acepté como se adopta un cachorro abandonado en la lluvia
y para ella fue suficiente.
Ni pedía. Y yo, a veces, me olvidaba de darle. Pero se quedaba.
Se me quedó con su presencia de tortuga.
Casi no hablaba, y a veces lamía alguna herida suya o mía, o inventada.
Cuando llovía, ella lloraba por cosas que no contaba y yo
contaba cosas que no lloraba.
Cuando salía el sol llorábamos juntos porque la lluvia nos faltaba.
Fuimos amigos, amantes o algo sin nombre:
teníamos palomas en una ventana mínima,
varias cajas de fósforos, dos páginas de un suplemento literario
de una vez que compramos pescado para la cena,
un triceratops de gomaespuma y otra porquería
que a veces discutíamos qué cosa habría sido cuando era.
Una vez, le juré amarla hasta después de la cena y se rió tan bonito
que le extendí el juramento hasta el desayuno.
Yo cumplí y ella siguió sonriendo, incluso, hasta la tarde.
Un atardecer, en otoño, un merecido ataque de felicidad estuvo a punto
de arruinar el mundo, con nosotros en él.
Disfrazados de viejitos olvidados bajo el polvo alimentamos
a un gatito que maullaba en la ventana y la felicidad,
siempre ingenua, pasó de largo y se llevó a una pareja que vivía en la esquina.
Desde entonces, su presencia de tortuga me habita y un poco, debo confesar,
nos hemos confundido el uno en el otro.
Se me metió en la soledad, Señor Juez, no tengo otra excusa.
Y es tan bonita cuando ríe y cuando no ríe,
que si tuviera que echarla, me tendría que ir con ella.

Renuncio al amor eterno tan mal entendido

Renuncio al amor eterno tan mal entendido,
a esa vulgaridad de sentir para siempre y que la muerte nos separe.
Que todas las cosas pertenecen al presente
y el tiempo es una multitud que camina en dirección contraria
a la propia marcha fúnebre que uno arrastra,
y más común es que el presente se dirija hacia el pasado que al futuro.
Que las promesas hechas a futuro se cumplen o se dejan de cumplir,
inexorablemente, en otro presente.
Que es vanidad de dioses prometer el futuro
y condición humana acabarse en un puñado de presentes.
Con relajada y conveniente hipocresía acataré
el precepto bíblico de no jurar en vano.
Que al amor se lo lleva el viento mucho antes que la muerte.
Que el amor es sueño y los sueños...

Que tampoco debería ser tan grave

Que tampoco debería ser tan grave.
Que no es de buen gusto andar por la vida
haciendo de estas cosas algo trágico
o despedazarse uno en el intento
de asesinar la poesía solo
para obtener una respuesta afirmativa.
No esperes, porque no soy de esos,
una velada romántica,
una cena con velas, o un anillo
que pague el vestido de domingo
a la esposa del joyero.
Que para declararte mi amor
no necesito montar un ridículo escenario
porque el mundo ya es un buen lugar si estás en él.
Que no necesito zapatos lustrosos
o la formalidad de un traje de etiqueta
para decirte que te amo.
Que mis sencillas tribulaciones son más bien domésticas,
y que este es un asunto más propio de pijamas.
Que no debería tener tanta novela este acto simple,
oficial, de decirte que te amo
y no debiera esta cuestión de si sí o si no
quitarnos más tiempo que el necesario.
Sería conveniente, en lo posible,
que evitaras respuestas vagas o sutiles indirectas
ya que el amor me ha sacado a pasear la inteligencia
y corremos el riesgo de perdernos o esperarnos estúpidamente.
Que tampoco debería ser tan grave
ser este hombre diciendo que te ama.

Ante la sed cedemos

Ante la sed cedemos,
bebo, bebes, no bebemos,
dos soledades sedientas
que se agotan, dos
copas que se desnudan.
Todo pasa en las pieles,
la sed cede espacio,
la soledad, en apariencia, desaparece.
Todo dura un instante -una noche, una hora,
¿cómo saberlo si el tiempo es intangible?
Los cuatro brazos de un monstruo
inquebrantable y mezquino,
famélico -y ya sabemos,
lo dijo el poeta,
cuando el alma está famélica
es el cuerpo un lobo
para el hombre.

Se beben la soledad mía
y la tuya en aguas obscuras,
que el agua es fresca cuando corre
y se ensucia si se estanca
y ya lo sabes, somos
represas
rompiendo los muros de la celda.

La noche acaba en la cama,
vuelven las dos soledades
a la sed cenicienta.

Te extraño como si aún te amara

Te extraño como si aún te amara.
Habitas en mis sueños y me inundas,
me abarcas, tu sombra crece, se extiende
más ancha aún que el pasado y roza,
hasta cortarlo, el descuidado presente.
Me haces falta de una forma triste, tangible.
Me recorres, me agotas, pero no me tocas.
Te anhelo en el espacio que abrazo
cuando despierto de verte.
Te extraño como si al irte te hubieras
llevado algo que era mío y ya no encuentro.
A veces, de noche, cuando me desvelo
te sueño desnuda, te invento, borrosa,
como el recuerdo que tengo de tu cuerpo.
A veces me miento y me digo que sientes
cuando le quito tu ropa al aire y que en sueños
igualas tus ganas a las mías.
Te extraño como si aún te amara,
como si fueran diferentes cosas el pasado y el futuro.
Te extraño como si aún te amara,
como si olvidara que había logrado olvidarte.

La piel

La piel,
al tiempo que la razón
nos adormece con
caricias de falso olvido,
acecha mascullando un nombre
como una sombra.
No es posible engañarla.
No hay dos bocas que se parezcan
ni un beso que sea igual a otro.
Y la piel recuerda, y exige.
Exige silenciosa.
Exige un beso innegociable.
Maliciosamente, calla. Acecha.
Su estrategia es ser paciente,
esperar una noche
en un sueño
y todo se destruye ante las nueves letras
inmortales, orgullosamente erguidas,
de un nombre que creímos muerto.
Hay besos que no escriben historias.
La piel, que es cuero y escudo,
ignora y anhela
todos los besos y el beso.

¡Ay pasado!

¡Ay pasado!
¡Tan dulce tu sabor a
tentación! Volvamos
a equivocarnos que fue
bello el error de creer
que nos amamos.

Instrucciones para asumir el fracaso

Termine de cenar y apague todas las luces innecesarias.
Acomode el cuerpo en su sillón preferido,
que estará, si es hombre de bien, junto a una ventana
por la que se vea el mundo. Si llueve es mejor
pero no se sienta poca cosa si no logra que llueva.
También pueden servir un cielo estrellado en verano
o una fría noche en invierno si tiene con qué abrigarse.
Intente olvidar el trabajo rutinario y el carácter insufrible de su jefe.
No piense en esa mujer que lo abandonó ni en el hombre
que se la llevó sin merecerla que, finalmente, usted tampoco la merecía.
Busque algo de buena música que lo relaje. Si fuma, encienda un cigarrillo,
pero juegue antes con él pasándolo por entre sus dedos.
Ignore las innumerables trampas que le tenderán su biología y,
más aún, su psicología. Respire hondo.
Trate de sentirse un ser humano completo y acabado. No podrá,
pero no pierda la calma, es normal si lleva usted
el tiempo suficiente en este mundo.

Tomemos el resto de esta tarde para recordar

Tomemos el resto de esta tarde para recordar.
No olvidar que fuimos cómplices los dos
en la mutua estafa de un amor para siempre.
Pensar que alguna vez moríamos por vernos
y cualquier minuto que pudiera robarse
a la familia era una eternidad de besos en despedidas
infinitas en la esquina de tu casa.
Quizá quieras aprovechar esta tarde para recordar
el vestido floreado de la primera vez,
los mediodías que escapabas de la universidad
para almorzar conmigo,
o el nombre de ese hijo que nunca tendremos juntos.
Sería un bello gesto de tu parte recordar,
con algo de cariño, todo lo que hicimos bien
y volver, una tarde, a decir "también te amé,
perdón por lo demás".
Aprovecha esta tarde, mientras él se levanta para ir
a trabajar y tú te preguntas si de verdad
estaba todo perdido.

De suerte que podamos continuar

De suerte que podamos continuar
con nuestras vidas tú
en tus oficinas yo
en mis papelitos
bien hemos hecho
en olvidarnos.

De suerte que podamos continuar
jurando amor eterno tú
a un espantapájaros yo
a mi dulce compañera
bien hemos hecho
en olvidarnos.

De suerte que podamos continuar
jurando en vano tú
por tu falsa honestidad yo
por mi falsa comprensión
bien hemos hecho
en olvidarnos.

De suerte que podamos continuar
durmiendo tú
con tus pobres sueños yo
con mis pesadillas
bien hemos hecho
en olvidarnos.

¿Puedo pedirte un favor...

¿Puedo pedirte un favor?
Es que ayer te encontré de nuevo y tú sabes
cuánto me costó olvidarte.
He logrado quitarte de mis tardes o,
al menos,
de la mayoría de ellas -cuando
llueve
todo se hace tan difícil.
Y ya sólo dos o tres veces al día
me imagino que vienes.
Pero, en general, tu olvido marcha según lo planeado
y todo va bien en mi vida sin ti.
Mis asuntos de trabajo han mejorado un poco
desde que conseguí olvidarte.
A veces sonrío al ver alguna mujer y desearla
sin recordar tu cuerpo, y hasta duermo
unas pocas horas de vez en cuando.
Pero otra vez anoche has vuelto y me obligas a pedirte
que por favor me olvides. Inténtalo o, al menos,
deja de pasearte, igual de hermosa que antes, por mis sueños
como si fueran tuyos. Por favor.