Ábrete, en las manos


Ábrete, en las manos
flores:
crisantemos negros.
Muertos los cielos:
los celos sin seso,
necios,
sin besos.
No hay en el mundo otra cama
donde se descanse
ni otro cansancio ni otro cuerpo
ni otros besos. 
Éramos dos Eros,
dos fuegos, dos cielos
dos puntos eternos.
¡Oh, Tánatos!
Los necios
eran fuego,
hoy hielo.

Azul


Bebe mi sed, mi sangre, mi pez, mis pobres
ojos de lluvia. 

Cambia las sábanas, la arena, la lid,
las flores de mi tumba.

Una mujer desnuda (te).
Una mujer desnuda (me).
La ciudad se muere azul.

Sentados en la cama
te cuento los versos muertos,
esos
a los que no me atrevo.

Te ríes. Silencio.

Sonríes. Te amo. 

Te ríes de nuevo.

Sabemos el juego:
entonces...

En todo te conviertes y mueres. 
Resucitas desde tu vientre. 
Te llenas, y llenas 
la noche 
de lunas nuevas.

Vuelas. Agitas
el aire
con tus alas.

Mueres o matas
─la muerte es nada─. 

Laureles me pones.
Te diviertes,
juegas.
Me provocas.
La lluvia cesa  
─¿o acaso 
era un sueño?

Una mujer desnuda
se ríe en mis ojos.

Un beso y se eleva.
La lluvia vuelve y ella
que es curiosa
va a tenerla.

Flores eres, balcón y jueves. 
La lluvia, 
el sigilo del macho que acecha 
las espaldas desnudas de una hembra. 
La ciudad se muere azul
dos veces.

No hay estrellas. 
Ni una sola en todo el techo
pero tú...
pero en tu pecho...
Eleva tus pecas
que las reclama el cielo.

Una mujer desnuda
suspira en mis espaldas.
La ciudad se muere azul
tres veces.

La lluvia nos olvida.
Una mujer que abrazo sueña desnuda
mientras yo
sueño desnuda una mujer que abrazo.

Todo se muere azul,
termina.


Innovaciones Amorosas

Te hamo,
así, sin acentos
ni faltas de ortografía.
Te hamo, así,
después de haber amado,
de haber escrito al amor,
he decidido
hamarte.

Házme en tus manos


Házme en tus manos
...


Házme poema,
verso,
pájaro suelto,
vivo fuego o
mar sereno.



Házme abismo
precipicio
eco
de mi mejor
silencio.




Házme tus armas,
declara (me)
tus guerras.


Házme el viento
en tu pollera
y bajo sábanas
tus besos.


Házme la noche,
la calma y desnuda
violencia
de los dos amantes.

Házme el tiempo
quieto,
el paraíso
ido;
házme el encuentro
y el desencuentro
y házme feliz
al final del cuento.

Házme en tus manos
como si fuese
arcilla
pero por favor
házme,
mujer,
que no estoy hecho.





Nunca cierro las persianas de mi casa


Nunca cierro las persianas de mi casa
porque de cerrarlas sería posible
perderme una lluvia, una helada
o dormir hasta entrado el día
por no encontrarme con la luz del alba
y perderme una mañana.
Nunca cierro las persianas de mi casa
para no perderme yo
entre cuatro paredes blancas.

Tu eres el pájaro que vuela y no se encierra


Tu eres el pájaro que vuela y no se encierra.
Tu eres la sombra de esta mañana gris,
la lluvia, las luces encendidas
antes del mediodía.
Tu eres la arena y el agua, y el tiempo,
y las nubes y la vida.
Yo soy todo lo demás:
lo detenible, lo finito.
Tu eres agua como lluvia, yo el río en su cauce
tu eres viento, yo suspiro.