Tendremos el fuego (poema II)

Y a vos, ¿quién te dijo que esto es lo que había?
¿Quién fue el que te hizo creer semejante porquería?
¿Que diez horas diarias de trabajo dignifican?
¿Que morirse es natural
y que es lo mismo un infarto a los ochenta
que tener treinta y terminar
entre las chapas de un tren que no frenó?
¿De verdad te creíste el cuento de la clase media,
el Colegio de pago y el auto nuevo cada dos años?
¡No me digas que nunca viste al perro ese que anda tirado
ahí en tu vereda y que por eso saliste a comprar uno
que te costó medio sueldo!
Ya tenés la última consola de vídeo juegos, supongo
Con eso debés andar contento,
invadiendo países de medio oriente, capturando espías rusos,
arreglando el mundo desde tu pieza.
Anoche hubo una helada de esas que salen en las noticias.
¿Te acordás del viejito que repartía el diario todos los días
a las siete en punto?
Tenía los pulmones gastados el viejo.
Se lo comió la escarcha esa
que te pareció tan bonita desde la ventana de la cocina.
¡Lástima el edificio que hicieron en la placita de la esquina!
Antes, cuando caía la escarcha uno sentía que vivía en Suiza.
Sí, lástima por eso. No porque los pobres paraguayos que lo hicieron
se estén cagando de hambre de la miseria que les pagaron.
¿O vos viste que el tipo ese de la camisa elegante que te atendió en la inmobiliaria
levantara algún ladrillo?
¡No! Quedate tranquilo que ese no laburó en su vida
y que la guita la hace jodiendo
a los pobres diablos como vos que nunca se preguntan nada.

Todos se te están cagando de risa.
En la cara. Con premeditación y alevosía, como dicen.

 ¿Al menos te preguntaste alguna vez por qué
no te preguntás nunca un carajo?
¿Nunca te preguntaste qué carajo habrás hecho para no tener ni un sueño?
¡Un sueño! ¡Uno solo! ¡Y qué no sea conocer Machu Pichu!
Un sueño de verdad, un anhelo profundo,
de esos que vienen de muy adentro,
de esos que hacen que respires y te sientas en casa,
pero no en tu casa, esa de ladrillos con patio y garaje,
en tu casa, en tu verdadera casa,
esa en la que jugabas a que volabas o liberabas al mundo de los villanos.
¡Qué ironía! ¿Hoy jugás a ser el villano!
¿Te acordás con qué juguete soñabas que te lo regalaban para el cumpleaños
pero nunca llegó
porque tu viejo trabajaba y trabajaba
pero no alcanzaba?
Apagá la tele un ratito. Sentate en el sillón más cómodo que tengas.
Dejá que todos se acuesten
y decime...
¿con qué juguete soñabas de chico que no pudieron comprarte?