violentamente sacude mis ramas más fuertes
y quiebra las más débiles.
A veces la brisa me mece
y adormece.
De noche es cuando más te extraño,
cuando el aire helado de la madrugada,
entonces lloro gotas de rocío.
De día algunos pájaros me acompañan
y en el pecho tengo uno que anidó.
A veces, un caminito de hormigas
me recuerda tus caricias.
Algo de savia me recorre todavía.
Un invierno de estos me dejaré morir.