Los Soñadores

Usted no va a creerme pero yo escalé el monte que habitan los dioses. Intentaron evitarlo, pero soporte todas las pruebas hasta que al fin llegué a la cima y pude verlos. ¡Ellos, los todopoderosos!...¡los creadores de todo lo que existe! ¡Estaban ahí!...
...¿Qué como eran?....bueno, usted no va a creerme, pero no eran diferentes a nosotros...eran hombres comunes...durmiendo, y en la cara tenían los gestos de los hombres cuando soñamos...

Los Dioses

-Se hirvió el agua, Doña...
-No importa, se me pasaron las ganas de unos mates....
-Apague la hornalla, entonces...mire el gorgoteo y como salpica el agua....no vaya a ser que alguien se queme...

En ese momento, el sueño del Tribuno era interrumpido a los pies del Vesubio.

El Adios

Hablabas y tenías algo en la mirada que era nuevo y distinto.
Tenías en tus ojos la mirada clara de ese otro hombre. El, que te esperaba ansioso, observaba expectante el momento en que dejaras de ser mía.

Historia de dos que soñaron

Abel logró conciliar el sueño. Por primera vez dormía solo.

Shin Tang se despertó perturbado. Soñé que un hombre enviudaba -dijo-. Me preocupa que infortunios se me anuncian en este sueño. Su consejero lo calmó y el príncipe olvidó aquel sueño, pero a la noche le costó dormirse.

Cuando Abel se despertó no podía dejar de pensar en un palacio de mil jardines en alguna ciudad que desconocía. Es raro, se dijo, soñé con un extraño príncipe y su consejero hablando de mi.

El arresto

Después de meses la persecución había llegado a su fin. El criminal había sido sorprendido mientras dormía. Todo se había ejecutado veloz y silenciosamente, los hombres de la justicia estaban a pasos del fugitivo. Entonces, el hombre que daba las ordenes se retiró despacio hacia la calle y con un gesto atrajo a sus hombres con él.
Lo esperaremos aquí -dijo- hasta que despierte. Mientras sueña es tan inocente como cualquier otro hombre.