He visto, delicado aplomo, nenúfares y glóbulos

He visto, delicado aplomo, nenúfares y glóbulos
sonámbulos, arémbalos,
prestos al noctámbulo artificio de unos péndulos
coléndulos, albóricos, treméndicos
de astucias igualables a esos mares
de tierras madreselvas, madreperlas,
parabelias de la ausencia en las ausencias.

Las trece calaveras carabelas,
las puertas que se cierran inremedias,
las ojas femeninas, las aurelias,
las muchas velas negras de la vida,
la cierta incuspicencia celestina,
la morra, peregrina, la sistina.

He visto, desnuda de la arena,
la melena desastroza de una hena
gatoparda, felemina, fotocida,
de una cuerda sostenida: la alegría.

¿Qué vale una palabra o un poema
si nada ha decirle a quien lo lea?