Los desaparecidos


Los desaparecidos

"aquí estamos los que desaparecieron"
Claudia Verduzco


No solo se desaparece gente con un fusil.
Hay otras formas, otros métodos más silenciosos, más políticos.

Son las víctimas de esa otra violencia, 
de ese genocidio silencioso
que les cerró las bocas al pan y a la palabra;
esa otra violencia que va desapareciendo generaciones enteras
debajo de la alfombra política y de las cifras oficiales.
No se ha disparado un fusil en décadas
pero seguimos desapareciendo, de a pocos, de a muchos,
de a uno, de a miles...


Esos niños descalzos y sucios que van a la escuela
mañana estarán desaparecidos;
el hombre que fue pasado a retiro antes de tiempo
y lleva años buscando un salario 
está desaparecido.
El obrero sin fábricas, el enfermo sin hospital,
los maestros sin educación,
el músico sin música, el poeta sin versos... 
todos están desaparecidos.


Es más fácil desaparecer hombres y mujeres con la política
porque no hay condena para estos genocidas de traje y oficinas del estado.
Nadie va por las calles al grito de "¡asesino!" señalando
al Intendente, al Gobernador o al Presidente.
Nadie acusa a legisladores y a ministros 
y, sin embargo,
¡a cuántos han desaparecido en silencio!

La tortura es lenta, es ir viendo como se achican los espacios
y las libertades.
Un día hubo unas horas menos de trabajo, al otro
un medio sueldo, y una tarde
ya no hubo útiles escolares, ni ropa limpia,
ni cena ni desayuno.
Con un par de decisiones se desaparece.


Los comedores barriales están llenos de desaparecidos;
los hospitales públicos están llenos de desaparecidos;
las escuelas públicas están llenas de desaparecidos...
las calles están llenas de estas sombras


Ni vivos ni muertos: desaparecidos.


Ah, los peces azules de tu piel desnuda


Ah, los peces azules de tu piel desnuda
jugando con mis tigres grises...

Son pétalos las prendas que te cubren
y en el último jirón de tela que te quito
se descubre que me quieres.

Juego donde inventas las palabras.
Te diviertes, dejas que juegue.

Que duerma la urgencia
en la ingle...
que ya vendrá todo
y se irá.

La noche tiene los dientes afilados
pero besa con ternura a los amantes
sin herirlos.

Cien besos, diez miradas, veinte dientes, mil niños
muertos en el África o como sea que se mida el tiempo
la noche es una bengala y se apaga.

Que todo es un instante tan pequeño para Dios
que hasta parece que hubo entre los dos
una eternidad.

Así, contra el futuro


Así, contra el futuro
te quiero
queriéndome
en el presente.

Así, contra el futuro
me quiero
queriéndote
en el futuro.

Manifiesto


Tu dame tu nube
yo te daré mis lluvias
haremos paraísos
por doquier
y que no importe,
que nunca digan
que nos dejamos engañar
por la poesía.

No va a pasarnos nada:
somos millones de arenas
sin desiertos
la vida está ahí
dormida entre tus cuentos
mis pequeños versos
nuestros libros.

Sea yo tu ventana
y tú mi gato
posado y ronroneando
atento al vuelo
distraído de una mariposa.

Si es esta
nuestra primavera
que se note
y que no digan
que nos dejamos engañar
por la poesía.

Vamos a animarnos a ser libres
media tarde, cuarta lluvia
un tercio de siesta
un octavo de abrazo
compartido
entre dos mitades.

Y a ese que viene
de a palo y garrote
cerrarle la puerta
para que no nos vea.


Y de ser posible
tú te me quedas
y me desnudas también
el poema

que hoy, por encima
de tanta tormenta
se nota en tus ojos
el pez
vivo de una pupila.

¿Y qué si es esta
la hora de dormir?
Puedo cerrar cien ojos
y aún el sueño
no vendría.

Mantengamos el cielo
juntos
que de estrellas
me sé la vida.


Soltemos, compañera
la pluma heroica
y defendamos con poesía
el santo derecho
a estar la vida
entera
dejándonos mentir
por la poesía.

Todo muerto...


Todo muerto,
gris cemento hormiguero
paja seca
en los floreros.

Recuerdo que hubo un antes:
las flores se cortaban del jardín
y se dejaban en la ventana
de la vecina que nos desvelaba.

Había muchachas que guardaban
entre las hojas de un libro
esas flores
por años.

¿Habrá alguien que todavía nos recuerde?

Doble


En la hojarasca,
entre las hojas muertas
la mariposa

las alas secas,
como las hojas muertas
de la hojarasca.

Si el verso es ala


Si el verso es ala,
si el poema pájaro...
¿es el libro una jaula?

Hay poetas que escriben jaulas,
libros que encierran poemas...

Habrá que aprender a hacer libros que vuelen
libros bandada,

Escribir bandadas de poemas...

Me reconocerás por el sonido


Me reconocerás por el sonido
de esa guitarra fabricada
con la madera del árbol
que seré.

Así, amigo, me reconocerás cuando haya muerto
y esté, bajo la tierra
alimentando el árbol
del que saquen la madera
con la que fabriquen la guitarra 
con la que te acompañes en tus juergas
cuando yo ya me haya muerto.

Así, amigo, seguiré siendo en la muerte 
tu amigo todavía.

La ojerosa noche de estrellas vacías



La ojerosa noche de estrellas vacías, 
como las manos
de un amante. 
Tu presencia nocturna como las manos 
del pez;
tu vientre frío y tu silencio gris 
de plumas secas 
y tu muerte 
de toros blandos bufando 
un futuro de puros negros sin rojos
que se diluye en la arena como utopías viejas.

¿Cómo es que hay tanto tú sin ti?
¿Cómo es que hay algo sin ti?
En mi imaginación hay todo un mundo sin ti
pero tanta ciudad no sirve 
y tanto árbol creciendo y dando flores
que no puedo arrancar para ti. 

La noche me ha traicionado en el espejo
y me duermo creyendo que sueño.

Por este beso guardaré silencio y luto.

Para mañana me inventaré otro nombre
y moriré en silencio sin contar ni un beso.

Soy una sombra


Soy una sombra: 
la sombra del ala, 
de la rama; 
la sombra del canto del pájaro,
el eco de sus plumas rojas
azules y amarillas.