¿No hemos guardado ya demasiado silencio?

¿No hemos guardado ya demasiado silencio?
Nos han dicho a quién rezar, qué aprender en la escuela,
a quién amar, de qué vivir,
¡hasta cómo vestirnos en cada mes del año
y qué color de ropa usar en cada época!
Nos han dicho qué marca de qué cosa comprar para qué necesidad.
Nos dicen, cada dos años, a quién votar para tener
qué país y qué trabajo y qué problemas ─qué tragedias.

¿No hemos guardado ya demasiado silencio?
Hemos trabajado mucho y ganado poco,
comido poco y enfermado mucho
estudiado todo y progresado nada.

Nos dicen que podemos volar, cruzar el espacio,
llegar a planetas y estrellas fuera
de nuestro sistema solar;
que podemos comer alimentos mejorados,
estar comunicados todos
y que no existen ya distancias que sean infranqueables

Y todo es bueno, porque lo hizo el hombre.
Y todo es bueno porque los enriquece.
Sí, los enriquece.

Ellos viajan a planetas y cruzan por el aire
el planeta en doce horas,
estudian, progresan, ganan, se curan; nosotros nos amamos.

Nos amamos entre pobres, que, nos dicen, es amor verdadero
porque ¿qué interés puede existir entre dos pobres?
Nosotros nos amamos en la salud y en la enfermedad
porque curarse es cosa de ellos,
en la pobreza y en la riqueza,
que también es cosa de ellos.
Nosotros tenemos el Cielo, ese otro, ese que no cruzan los aviones,
pero que habita un Dios que tiene que alcanzarnos
para todos y para todo.

¿No hemos guardado ya suficiente silencio?
¿No hemos dejado ya que hicieran absolutamente todo
lo que quisieron hacer?
¿No se han comida ya tres continentes llenos de chicos con hambre?
¿No han invadido ya demasiadas libertades? ¿No han construído ya
demasiadas cárceles y jaulas?

¿O es que todavía no estamos lo suficientemente cansados
de estar cansados?

Canto, porque cantar es de aves

Canto, porque cantar es de aves
como la libertad, o el vuelo.
Canto, porque ni el árbol es mudo
y hasta el hacha, cuando lo golpea, habla.
Canto este fastidio humano y animal de ser eterno testigo.
Canto porque el hambre tiene hombres y nombres.
Canto porque me aturden el silencio y la pena que está doliendo al silencio.
Canto porque es urgente.
Canto porque soy mudo, como todos,
pero no me callo.
Canto porque estoy harto de todo el silencio cómplice
que alienta impune al genocida a continuar su crimen.
Canto porque el hambre es inmoral, como la pobreza.

Porque hay muertos caminando nuestras calles, sentados en nuestras plazas,
porque el que trabaja está hambriento pero el mentiroso lleno.

Canto porque hay gobiernos, porque hay gente que gobierna,
y por la gente que gobierna.

Canto porque estamos solos, y porque seguiremos estando solos
mañana.


Si el poema no le da

Si el poema no le da
ganas de romper todo,
rompa el poema.

Sea cómplice del poeta
cuando cometa un crimen,
pero sea el crimen contra el poeta
cada vez que sea inocente.

A mis lectores

A veces, les juro, no los entiendo. Anoche no he pegado un ojo preguntándome ¿qué será lo que buscan?, ¿qué es lo que quieren?
Cierto que a veces, sin querer, o queriendo, el poeta corre riesgos, se escapa de las fronteras de lo obvio, de lo que todos esperan de él, y se adentra en terrenos salvajes, poco amigables.
En esas tierras el poeta viaja solo. Es un peregrino, un hombre pobre apenas cubierto con harapos. Y hasta allí nadie suele acompañarlo.
El poeta, al momento de poner el pie fuera de su nación, ha de saber que donde vaya, irá solo. Que pocas veces alguien tendrá el valor de abandonar la comodidad de lo conocido, de lo que nos resulta familiar para acompañarlo.
Pero el poeta marcha, porque en esa comodidad los poemas se le mueren. Como una flor, como esa flor que han arrancado del jardín del vecino para ponerla en un florero en vuestra propia casa.
A veces, les juro, no los entiendo. Con voces de lucha piden a la poesía que los defienda de lo cotidiano, de la rutina, de la comida recalentada de la cena, del mismo café agrio de cada desayuno, de las mismas caricias, de las mismas manos, de los mismos rostros de todos los días.
Pero cuando el poeta rompe, como se rompe de un piedrazo un cristal, vuestra rutina, enseguida se paralizan y dicen que ese camino por el que quiere llevarlos está lleno de espinas.
Y se acomodan nuevamente, valga la redundancia, en vuestra comodidad rutinaria.
Si he roto la comodidad exponiéndolos a riesgos innecesarios, pido disculpas. Pero jamás he mentido ni prometido otra cosa. Me aburren los poemas de pájaros y flores. Me asquea la cursilería, aunque traiga sobradas garantías del éxito.
No busco el éxito, sino la poesía.
Si para encontrarla debo arriesgarme en cada poema, lo haré.
Quien busque comodidad perpetua, se ha equivocado de puerta.

La Esfinge dice su acertijo I

Voy a replicar la arcaica voz
─es sueño todo─
por la que un día cualquiera
la esfinge dice
su acertijo:

Atoro la noche que persevera
en la mañana
mantengo dura la promesa de tu presencia
de alguna forma u otra
─es sueño todo─
y poco o nada importa
en qué país despierte el asesino
o el cobarde.
Todos somos iguales
─dice la teoría─
o apenas diferentes:
similares o simios,
pretendientes.

En la alacena espera el desaliento cotidiano
un bracero estoico contra el viento
¡épica constancia del desierto
ser arena y viento, arena y viento!

Es el poema un enigma solitario
que no se puede descifrar
porque es laberinto la poesía
de letras, no de cifras.

En este instante ella se para ante el espejo
y el espejo la besa
Yo los miro desde lejos pero ellos no saben mi existencia
son felices
como todos los ellos

yo tenía un libro viejo que leía
y releía en noches como esta
lo he perdido
me ha quedado apenas
de sus páginas
la primera
que nada dice
salvo mi nombre
de puño y letra
en tinta negra.

De noche vuelo, o sueño que vuelo
¿a quién le importa en realidad
lo que otro hombre sueña?
¿Puede dolerle a quien me lee
el ojo que me duele cuando encierro
la vista en un cuaderno viejo
buscando el verso o el cuento que no encuentro?

Tu sabes por qué ventana suelo ver el mundo
porque te has convertido en las cortinas
que corro cada noche
para mi sueño intranquilo.

Yo sé qué cosas aferro cuando duermo
pero tú las sospechas
Del conocimiento a la sospecha hay un camino
tan angosto que solo cabe
en él quien lo camina.

Es el poema un acertijo.
Que nadie lo resuelva.

La Esfinge dice su acertijo II

Presiento
la voz arcaica de la arena
─es sueño todo─
un día cualquiera la esfinge dice
su acertijo.
Lo replico:

"no eran uno sino dos
─los árboles y los dioses─
no fue quien habló una serpiente
ni el pecado un fruto."

"Si ha habido muerte que nos releva
de nuestras cotidianeidades
ha de haber sido otra la caída."

"Si aún mantenemos los gestos del simio
y las costumbres animales
de querernos con los dientes
ha de haber sido otra la caída."

"¿Has visto cómo trazan al Diablo
en el cuero frío de una serpiente?
¿Y qué fina estampa han dado al que era su hermano?"

"Todo es un sueño"
─dice una voz que estoy soñando
aunque no duerma─.

Es el poema otro acertijo.
Que nadie lo resuelva.

No se vaya, por favor

No se vaya, por favor,
ni siquiera lo piense que afuera llueve
todo el año llueve y hay tormentas
y caen heladas en los dormitorios
y las mesas y oficinas.
No se vaya, por favor,
ni siquiera lo piense que afuera abren más bancos
que bibliotecas o librerías
y solo se recita algún poema
cuando recuerdan la muerte de un poeta.
No se vaya, por favor,
que afuera las canciones parecen pasos de comedia
y casi nunca ya nos estremecen.
Quédese, por favor, quédese conmigo
a soportar juntos esta vida
que le aseguro, un día, se nos habrá ido
y con ella, también los poemas que le haya escrito.
No se vaya, por favor,
quédese conmigo toda la vida.

Te amo, aunque ya no importe

Te amo, aunque ya no importe,
aunque sea tarde.
Te amo y te siento:
te llevo en la sangre
y en la piel,
y en el canto,
y en el verso,
y en mi poesía de barro
y pobreza triste,
en mi música traída
del África negra
y mezclada
con sangre india.
Te amo y te elevo
como estandarte,
como bandera de una guerra
que libro al tiempo
y a la vida,
como una sombra negra
que me acompaña
en la luz clara del día
o en la oscura noche de mi vida.
Te amo, aunque sea tarde, aunque ya no importe,
te amo.

Temo no poder asistir a vuestra fiesta

A la Casa de la Cultura de nuestro excelentísimo 
Sr. intendente, Don Miguel Lunghi.



Temo no poder asistir a vuestra fiesta.
Muy a mi pesar, pues está claro
que bien disfrutarán quienes asistan
de tan buen gusto, propio de un artista.

Inevitable será que el alma exclame
de tanto lujo y tal belleza
"¡mayor paraíso no se ha dado a los poetas!"

¡Tanto dorado ornamento, tanta luz
por las ventanas hermosas, tan inmensas!

Han de ser, sin duda, vuestra sillas
tronos propios de reales sentaderas
y vuestro café el más aromático,
para degustar a ojos cerrados
y luego, con cuidado, sobre el vidrio delicado
que recubre vuestras mesas
apoyar, con sutil gesto, mi pocillo.

De más decir que sería grato
descansar del crudo frío de este invierno
en vuestras salas tibias, tan prolijas,
con tal esmero preparadas.

Sin duda, han de ser nubes las alfombras
y cada escalera ha de llevar a un cielo.

Pero temo no poder asistir a vuestra fiesta.
Pues me ha quedado esta mañana, una pena
a punto de parir una cuarteta
y entienda, por favor, esta vergüenza
de no tener zapatos limpios
para subir sus escaleras
o traje de fiesta, o sombrero elegante,
no sea, que sin querer, con mi presencia,
le ensucie su hermosa casa con un poema.


Declaro, en este acto de insanía:

Declaro, en este acto de insanía:
que toda realidad es inmoral;
que la poesía es religiosa,
siempre;
que hemos fracasado en nuestro intento
de volver a a la comodidad del vientre materno;
que hemos perdido la guerra,
no una ni diez batallas;
que seguiremos de pie aún muertos
y agusanados;
que volveremos a escribir canciones,
cuando queramos,
porque queramos;
que incendiaremos la economía,
la política y el derecho;
que robaremos todos los poemas
sin culpa ni vergüenza,
porque somos los dueños de todo lo escrito en la tierra.
Declaro, en este acto de insanía,
sin la menor intención de lucidez o raciocinio:
que todo sea mentira y verdad según capricho
de bufones y borrachos;
que todo lo que cuente un loco será sagrado
y, sin expedientes,
será declarado santo
y profeta
al mismo tiempo.
Declaro, en este acto de insanía,
que no habrá pájaros ni cielos,
ni en los cielos soles o estrellas
aunque sea de noche
pues todas han sido robadas ya
y puestas en venta;
no habrá luna para que no haya
quienes confundan el amor
con otras porquerías.
Declaro en este acto de insanía:
que apagaremos todas las luces,
quebraremos vidrio por vidrio,
y haremos campanas de viento
para que toquen los muertos.
Declaro que no habrá perdón ni indulto
a los que no aprendieron ni a los que sí aprendieron;
que incendiaremos la ciencia y las escuelas,
las academias, las casas de poetas
y los cuarteles
y los estadios de fútbol.
Declaro que prefiero
vivir actuando insanamente
a como viven los cuerdos.