Miraba al cielo esta tarde:
estaba vacío
como siempre.
A duras penas un sol brillaba
todavía sin fuerza,
unos cuántos cúmulos de vapor de agua
y un gris tan grande
como el Dios que buscaba.
Me gusta besarte
Me gusta besarte
no sé,
quizás no sea tan especial
y un día me sorprenda pensando
qué tendrían tus besos para hacerme creer
que me gustaba tanto besarte.
Pero me gusta besarte.
No sé, será que tus besos
son como el café:
me despierta la sangre
me inquieta
me da ganas de trepar un árbol
como cuando era chico
o de escalar tu sombra
que hoy por hoy
es mi juego preferido.
Me gusta besarte, me gusta cuando te beso
cómo se me olvidan
las cosas que no importan tanto:
esa broma sucia del tiempo y de la muerte
o que Dios sea un invento de un cura con vocación de banquero.
Hay quien le encuentra sabor a los besos
pero tampoco es eso.
Me gusta besarte
y quizás sean tus besos o quizás sea solo besarte
y saber
que besarte es mucho más que el beso:
que besarte es el reto de besarte y que después del beso
quieras quedarte.
no sé,
quizás no sea tan especial
y un día me sorprenda pensando
qué tendrían tus besos para hacerme creer
que me gustaba tanto besarte.
Pero me gusta besarte.
No sé, será que tus besos
son como el café:
me despierta la sangre
me inquieta
me da ganas de trepar un árbol
como cuando era chico
o de escalar tu sombra
que hoy por hoy
es mi juego preferido.
Me gusta besarte, me gusta cuando te beso
cómo se me olvidan
las cosas que no importan tanto:
esa broma sucia del tiempo y de la muerte
o que Dios sea un invento de un cura con vocación de banquero.
Hay quien le encuentra sabor a los besos
pero tampoco es eso.
Me gusta besarte
y quizás sean tus besos o quizás sea solo besarte
y saber
que besarte es mucho más que el beso:
que besarte es el reto de besarte y que después del beso
quieras quedarte.
Me estoy muriendo de a poco
Me estoy muriendo de a poco.
Como todos.
Uno se va muriendo despacio
durante toda la vida.
No, no uno, ni todos: cada uno.
Con haber nacido es suficiente.
La diferencia es cuánto lo piensan o lo asumen uno y otro.
A veces no me importa tanto
y sigo muriendo en paz;
otras me encierro
a buscarle una salida
a todo eso.
Me invento un dios, o muchos,
es lo mismo,
algo mayor, capaz de arreglarnos
este problemita.
Y la Fe no dura, no sirve, no alcanza,
no arregla.
Y hay que seguir muriendo
sin paz, con calma y resignación
que otra no queda.
Si alguna vez logramos
encontrar la salida...
no sé, a veces me gusta creer que lo haremos.
Otras prefiero no pensar, seguir muriendo
aceptando estoicamente
al optimista que va a jurar, mientras muere lentamente,
que está viviendo.
Como todos.
Uno se va muriendo despacio
durante toda la vida.
No, no uno, ni todos: cada uno.
Con haber nacido es suficiente.
La diferencia es cuánto lo piensan o lo asumen uno y otro.
A veces no me importa tanto
y sigo muriendo en paz;
otras me encierro
a buscarle una salida
a todo eso.
Me invento un dios, o muchos,
es lo mismo,
algo mayor, capaz de arreglarnos
este problemita.
Y la Fe no dura, no sirve, no alcanza,
no arregla.
Y hay que seguir muriendo
sin paz, con calma y resignación
que otra no queda.
Si alguna vez logramos
encontrar la salida...
no sé, a veces me gusta creer que lo haremos.
Otras prefiero no pensar, seguir muriendo
aceptando estoicamente
al optimista que va a jurar, mientras muere lentamente,
que está viviendo.
Apología otoñal
Ven en viento mayor
en sol menor
en otoño sostenido
primavera bemol.
Ven en poesía
que las flores
no nos necesitan
y no hace falta
esta alegría.
Ven en pena,
a que te de consuelo
con palabras que no tengo.
Ven a la siesta apretada
a caminos de hojas secas
a fumar en la neblina
de una madrugada
ven en sol menor,
en luna sostenida y mayor
en guitarra
en café caliente
en abrazos.
No le encuentro sentido
a tanta luz ahí fuera
con tantos ciegos.
Ven con canciones
y atardeceres oscuros de otoño
que solo me salva el juego
de adivinarte
bajo las sábanas
cuando ya nadie está despierto.
Mañana, cuando seamos niños de nuevo,
disfrutaré las plazas soleadas
pero hoy...
quiero el silencio, la penumbra
la llovizna y la nube gris
para extrañarte
como mereces
que no merezco esta alegría:
que no te tengo.
en sol menor
en otoño sostenido
primavera bemol.
Ven en poesía
que las flores
no nos necesitan
y no hace falta
esta alegría.
Ven en pena,
a que te de consuelo
con palabras que no tengo.
Ven a la siesta apretada
a caminos de hojas secas
a fumar en la neblina
de una madrugada
ven en sol menor,
en luna sostenida y mayor
en guitarra
en café caliente
en abrazos.
No le encuentro sentido
a tanta luz ahí fuera
con tantos ciegos.
Ven con canciones
y atardeceres oscuros de otoño
que solo me salva el juego
de adivinarte
bajo las sábanas
cuando ya nadie está despierto.
Mañana, cuando seamos niños de nuevo,
disfrutaré las plazas soleadas
pero hoy...
quiero el silencio, la penumbra
la llovizna y la nube gris
para extrañarte
como mereces
que no merezco esta alegría:
que no te tengo.
¿Qué era la primavera? ─No lo sé
¿Qué era la primavera? ─No lo sé,
yo nunca festejé las flores,
nunca creí que hiciera falta.
Sé que en todas partes hay chicos que no tienen más que flores
de esas que crecen en los pastizales de los suburbios.
¿Y el amor? ─¡Menos todavía!
¿No ha visto a todos esos enamorados de la mano
en las plazas?
Ya ellos tienen el amor, ¿para qué quitárselo?
¿Para ponerlo en un poema?
¿Para qué escribir un poema primaveral?
¡Ni que fuera tanto lo que quede por decir
de las flores y el amor!
Tampoco es cosa de andar pregonando lo evidente.
yo nunca festejé las flores,
nunca creí que hiciera falta.
Sé que en todas partes hay chicos que no tienen más que flores
de esas que crecen en los pastizales de los suburbios.
¿Y el amor? ─¡Menos todavía!
¿No ha visto a todos esos enamorados de la mano
en las plazas?
Ya ellos tienen el amor, ¿para qué quitárselo?
¿Para ponerlo en un poema?
¿Para qué escribir un poema primaveral?
¡Ni que fuera tanto lo que quede por decir
de las flores y el amor!
Tampoco es cosa de andar pregonando lo evidente.
Tendremos el fuego (poema II)
Y a vos, ¿quién te dijo que esto es lo que había?
¿Quién fue el que te hizo creer semejante porquería?
¿Que diez horas diarias de trabajo dignifican?
¿Que morirse es natural
y que es lo mismo un infarto a los ochenta
que tener treinta y terminar
entre las chapas de un tren que no frenó?
¿De verdad te creíste el cuento de la clase media,
el Colegio de pago y el auto nuevo cada dos años?
¡No me digas que nunca viste al perro ese que anda tirado
ahí en tu vereda y que por eso saliste a comprar uno
que te costó medio sueldo!
Ya tenés la última consola de vídeo juegos, supongo
Con eso debés andar contento,
invadiendo países de medio oriente, capturando espías rusos,
arreglando el mundo desde tu pieza.
Anoche hubo una helada de esas que salen en las noticias.
¿Te acordás del viejito que repartía el diario todos los días
a las siete en punto?
Tenía los pulmones gastados el viejo.
Se lo comió la escarcha esa
que te pareció tan bonita desde la ventana de la cocina.
¡Lástima el edificio que hicieron en la placita de la esquina!
Antes, cuando caía la escarcha uno sentía que vivía en Suiza.
Sí, lástima por eso. No porque los pobres paraguayos que lo hicieron
se estén cagando de hambre de la miseria que les pagaron.
¿O vos viste que el tipo ese de la camisa elegante que te atendió en la inmobiliaria
levantara algún ladrillo?
¡No! Quedate tranquilo que ese no laburó en su vida
y que la guita la hace jodiendo
a los pobres diablos como vos que nunca se preguntan nada.
Todos se te están cagando de risa.
En la cara. Con premeditación y alevosía, como dicen.
¿Al menos te preguntaste alguna vez por qué
no te preguntás nunca un carajo?
¿Nunca te preguntaste qué carajo habrás hecho para no tener ni un sueño?
¡Un sueño! ¡Uno solo! ¡Y qué no sea conocer Machu Pichu!
Un sueño de verdad, un anhelo profundo,
de esos que vienen de muy adentro,
de esos que hacen que respires y te sientas en casa,
pero no en tu casa, esa de ladrillos con patio y garaje,
en tu casa, en tu verdadera casa,
esa en la que jugabas a que volabas o liberabas al mundo de los villanos.
¡Qué ironía! ¿Hoy jugás a ser el villano!
¿Te acordás con qué juguete soñabas que te lo regalaban para el cumpleaños
pero nunca llegó
porque tu viejo trabajaba y trabajaba
pero no alcanzaba?
Apagá la tele un ratito. Sentate en el sillón más cómodo que tengas.
Dejá que todos se acuesten
y decime...
¿con qué juguete soñabas de chico que no pudieron comprarte?
¿Quién fue el que te hizo creer semejante porquería?
¿Que diez horas diarias de trabajo dignifican?
¿Que morirse es natural
y que es lo mismo un infarto a los ochenta
que tener treinta y terminar
entre las chapas de un tren que no frenó?
¿De verdad te creíste el cuento de la clase media,
el Colegio de pago y el auto nuevo cada dos años?
¡No me digas que nunca viste al perro ese que anda tirado
ahí en tu vereda y que por eso saliste a comprar uno
que te costó medio sueldo!
Ya tenés la última consola de vídeo juegos, supongo
Con eso debés andar contento,
invadiendo países de medio oriente, capturando espías rusos,
arreglando el mundo desde tu pieza.
Anoche hubo una helada de esas que salen en las noticias.
¿Te acordás del viejito que repartía el diario todos los días
a las siete en punto?
Tenía los pulmones gastados el viejo.
Se lo comió la escarcha esa
que te pareció tan bonita desde la ventana de la cocina.
¡Lástima el edificio que hicieron en la placita de la esquina!
Antes, cuando caía la escarcha uno sentía que vivía en Suiza.
Sí, lástima por eso. No porque los pobres paraguayos que lo hicieron
se estén cagando de hambre de la miseria que les pagaron.
¿O vos viste que el tipo ese de la camisa elegante que te atendió en la inmobiliaria
levantara algún ladrillo?
¡No! Quedate tranquilo que ese no laburó en su vida
y que la guita la hace jodiendo
a los pobres diablos como vos que nunca se preguntan nada.
Todos se te están cagando de risa.
En la cara. Con premeditación y alevosía, como dicen.
¿Al menos te preguntaste alguna vez por qué
no te preguntás nunca un carajo?
¿Nunca te preguntaste qué carajo habrás hecho para no tener ni un sueño?
¡Un sueño! ¡Uno solo! ¡Y qué no sea conocer Machu Pichu!
Un sueño de verdad, un anhelo profundo,
de esos que vienen de muy adentro,
de esos que hacen que respires y te sientas en casa,
pero no en tu casa, esa de ladrillos con patio y garaje,
en tu casa, en tu verdadera casa,
esa en la que jugabas a que volabas o liberabas al mundo de los villanos.
¡Qué ironía! ¿Hoy jugás a ser el villano!
¿Te acordás con qué juguete soñabas que te lo regalaban para el cumpleaños
pero nunca llegó
porque tu viejo trabajaba y trabajaba
pero no alcanzaba?
Apagá la tele un ratito. Sentate en el sillón más cómodo que tengas.
Dejá que todos se acuesten
y decime...
¿con qué juguete soñabas de chico que no pudieron comprarte?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)