Y tu olvido, que siga tus pasos, que se pierda en la niebla

Y tu olvido, que siga tus pasos, que se pierda en la niebla.
Hoy beso el cuello invisible de una botella
con ganas de encerrarme en ella y morir
como mueren los barcos que han sido más anchos que el mar.
Prefiero la lluvia, la calle, el refugio de un zaguán
a los abrazos rotos o la mirada sucia que se le da a un perro
o al mendigo.
Me olvido, me llevo toda memoria al tiempo antes de encontrarte
para perder el día de perderte y no tenerte,
no seguir arrastrando lastimosamente estos huesos
por el panteón vacío de tus besos.
De algo viscoso y fétido está hecho el olvido. Lo sé.
La memoria se defiende con fuerza. Y el olvido es un pantano
que he intentado cruzar mil veces sin éxito. Y al final del camino
siempre encuentro tu figura desnuda recibiendo
un certero disparo de rencores. Entonces,
en algo parecido al barro lavo mis pies
para dejar en el camino mis huellas claras por si un día,
alguna tarde, o una noche de harta de estar sola
decides regresar a la confusa sensación de un abrazo
que te resulte familiar.

El amor nos sobrevuela, nos escoge

El amor nos sobrevuela, nos escoge
desde la altura incorruptible que habita.
Ave de carroña gira sobre nuestras cabezas
y cuando el momento llega
en que puede olerse la debilidad
de nuestros ánimos, en caída
veloz desciende hacia el corazón.
Entonces nos habita como nidos,
rellenando con pajas el hueco en el pecho
que llama hogar.
Hasta que un día se va, dejándonos el pecho vacío,
y los miembros muertos.

Perdón por no tener mejores versos

Perdón por no tener mejores versos...
es que su ausencia no inspira, solo duele.
Ya no se trata de escribir un poema,
sino de tocarla desde aquí, desde tan lejos.
No importa lo que escriba o cómo si no le toco el pecho,
si no le dan un beso los versos de parte mía.
Aquí no cuentan los ingeniosos juegos de palabras
ni las tristes comparaciones de su ausencia
con poéticas imágenes de la soledad
porque nada hay tan triste como extrañarla
y a esta falta que me hace no hace falta exagerarla.
No es importante que el verso sea perfecto
ni la métrica exacta, solo quiero decirle
que su ausencia es mas mía que suya
y más grande aún que la lluvia o que la muerte.
Compárela usted, si quiere, con desiertos, mares,
o con la inmensidad que quiera.
Para mi su ausencia es tan grande
que será el único poema que voy a escribir.

Quisiera poder callar los silencios con abrazos

Quisiera poder callar los silencios con abrazos,
darte gestos donde las palabras se hacen de suspiros,
acariciarte la mirada con una presencia táctil
que elimine distancia, silencios, ausencia.
Quisiera estar en tu living como estoy en tu alma,
jugar contigo como dos niños enamorados
juegan al amor de los grandes.
Quisiera cachetearle los miedos a esta realidad estúpida
e infantil y obligarla a madurar como una nuez
para sacarle el disfraz egoísta que me impide tocar tu piel.
Quisiera que fueras mía como eres tuya,
y ser tuyo como soy mio.
Tenerte como a un bien se lo tiene: tangible, real, presente.
Quisiera no cenar esta noche otro atardecer rojo
y muerto.
Quisiera.
Hoy solo quisieras tengo.
Quisiera mañana tener podamos.

¿Abrigas un desengaño?

¿Abrigas un desengaño?
También el sol con sus avaras primaveras
finge la tibieza de un abrazo.
Las flores lo saben,
son ellas quienes cuidan el secreto
que mantiene viva a la cofradía de las Frías Primaveras,
de los abrazos insuficientes,
de las noches heladas repletas de estrellas
que escuchan la soledad del abandonado.
¿Con qué fin el universo complota contra el amor?
¿Teme acaso que el enamorado le robe sus estrellas?
Conoce el tezón del que extraña y desespera
y sabe que, en cualquier momento, un enamorado,
perdidos sus ojos en su infinito estómago,
pueda quitarle una nube de colores en espiral
para obsequiar a su amada.
Sabe el Dueño del Tiempo que la esperanza
es la fuerza que mueve al tonto y a sus románticas ambiciones.
Y sabe también que no hay fuerza más grande que el amor perdido.
Y el universo entero teme, tiembla ante la idea
de que un día lo convierta en un adorno para tu casa
y te lo obsequie.

Rima tus versos poeta

Rima tus versos poeta
que fuera la ciudad arde y una llovizna
azul tiñe la noche.
Pero tú sabes nada de lluvias,
de agitadas jóvenes que bullen por la acera
porque duermes y sueñas tus sueños de poeta.
Dónde quiera que ella esté no te está leyendo
ni te piensa ya en ti.
Pero tu no sabes de olvido porque rima la memoria
con las siete sílabas de su nombre.
Olvidado está el viento, y el sol y las tardes
de cuando juntos caminaban si ser dos.

Solo, sentado sobre la ausencia y la fatídica

Solo, sentado sobre la ausencia y la fatídica
desesperanza de haber sido olvidado.
Te nombro, siete veces al día,
recuerdo la fe perdida, la anhelo y busco
por cada rincón de la casa.
Recorro el hueco de mi existencia vacía
con dedos que te acariciaban,
te deformo hasta la perfección en un recuerdo
fingido, cansado de falta de tangibles horas
a tu lado.
Tu recuerdo es un documento falsificado
que me identifica como el hombre que no he sido
y que no extrañas.

Sujétate bien al viento que el alba se lleva la noche

Sujétate bien al viento que el alba se lleva la noche
montada en sus caderas.
Detrás de la última nube ya asoma el índice astral
señalando a los culpables de la infelicidad.
El día trae justicia y los que durmieron la noche abrigados con disfraces
se desvanecerán lentamente hasta desaparecer
por completo de los corazones que velaban por ellos.

Mis otros laberintos, los del amor

Mis otros laberintos, los del amor.
La lucha que me mantiene vivo,
la jauría, tus ojos, pesadillas.
¿De quién es esta muerte
y esta vida que no sigue
más que en círculos? Los laberintos,
el monstruo eterno ahí dentro
devorando el olvido inacabado
de todas las Ariadna.

Soy el autor de estos versos

Soy el autor de estos versos,
el autor de estos sueños que se rompen como olas
para llevarse en la marea la inocencia y la esperanza.
Soy el poeta, aunque nunca haya sido poeta.
Soy el que canta al amor y al olvido, al desengaño y si los canto
es porque sé que nada se ha perdido.
Soy el autor de mis verdades. El dueño de mis respetos.
Soy el único que he sido porque no tengo tiempo que perder
siendo otro.
Soy porque he sido y soy porque quiero ser y seguir siendo.
Soy el recuerdo también de todas nuestras tardes.
Soy el que mantiene vivo el sueño, y la ilusión que has perdido.
Soy yo, el que siempre he querido, porque nunca me olvido de mi camino.
Sé que a veces lo he equivocado, y sé también que en mi dolor la he lastimado,
pero soy este que sigue vivo mientras tu sueños han muerto.
Soy el que tiembla todavía con un beso.
El que espera en los lugares a los que nadie regresa.
Soy el camino que he perdido porque me he convertido
en mis pasos. Soy el cantor, el poeta, aunque ni rime ni cante.
Soy el que se ha hecho de tierra y con lágrimas se ha convertido en barro.
Soy el que se ha hecho viento para avivar el fuego.
Soy el que tiene miedos y el que fracasa en cada paso
porque es mejor ser de barro que de oro hueco.
Soy el que he contado en mis versos. Nunca me he disfrazado de nada
aún cuando la verdad era el traje ridículo y patético de lo que he perdido.
Soy el que ha llorado, gritado, amado hasta el cansancio y lo sigue haciendo.
¿Quién soy yo?, preguntas.
Soy el que fue tu dueño y caminó a tu lado en el camino ciego.
Soy el que no ha soltado nunca la mano de los que lo han amado.
El que ha jugado como niño y nunca con los juegos que juegan los adultos.
Soy el que no ha perdido la inocencia de sonrojarme ante el halago
de una mujer verdadera.
Soy el que se ha cuidado de todas las trampas de los que juegan sucio.
Soy el que no ha temido jamás enfrentar al olvido de tu nombre y sin embargo,
siempre estuvo a tu lado.
Soy el poeta, el cantor, el sueño, el miedo, el dolor, y las lágrimas.
Soy todo lo que he sido y más, porque aún no he sido el que seré mañana.