Ahí, como todas las noches, en el cielo azul estaba
la luna blanca y redonda, silenciosa,
observándolo todo, sin ver nada;
como todos los vecinos:
los vecinos que lavaron rápidamente
la sangre
del adoquín mojado por la noche.
Nadie había visto lo que todos vieron.
Así se nos van algunas personas:
muriéndose lentos
en el silencio cobarde de los vivos.
De los Poemas
Olvido los versos que he escrito. Hasta discuto "¡qué ese poema no es mio!"
y que sí, lo era,
y "¿cuándo escribí yo eso?".
No es que no me importe lo que escribo; tampoco es que todo sea falso
porque todo eso lo he vivido o, al menos, soñado,
que para la gente como uno es casi lo mismo.
Es que uno los suelta, los deja irse, los deja perderse y quedarse a dormir en casa de otras gentes.
Imagine el lector que el mundo es perfecto y uno puede soltar a un hijo sin miedo a perderlo
y le dice entonces "Ve a quedarte donde tu amigo o donde tu novia"
sin sentir el miedo y la preocupación, sabiendo que en algún momento volverá crecido.
No hay por qué tener miedo, no hay forma
de que un poema se lastime.
A los poemas nadie los asalta en la calle por quitarles algo
pues tienen nada.
¡Y disfrutan tanto el vagabundeo! Pulular por las noches caminando entre la niebla
es para ellos como un sueño:
van contando las estrellas, intercambiando opiniones con los murciélagos y los búhos
─de noche no andan muchos pájaros─
y con esas mariposas que son menos mariposas y más polillas solo por ser feas;
y cuando se terminan las distracciones vuelven, llegan a casa
y sentados en el borde de sus camas
se sacan las rimas y las sílabas
y acuestan a descansarse el ritmo.
Y uno ni tiene que levantarse para ver cómo volvieron.
Porque ellos vuelven siempre con algo nuevo en su genética, algo que no heredaron,
que uno no pudo haberles dado porque uno es uno y ellos,
los poemas, son hijos un poco de toda la gente que los va leyendo.
Por eso yo no los recuerdo a veces, porque no hace falta vigilarlos
porque son poemas buenos, bien educados, que van y vuelven contentos
a mostrarme enseguida lo que aprendieron fuera.
Y están tan contentos a veces con tan poco que se me hace
futuro la boca viendo la simpleza y la humildad
con la que van creciendo.
y que sí, lo era,
y "¿cuándo escribí yo eso?".
No es que no me importe lo que escribo; tampoco es que todo sea falso
porque todo eso lo he vivido o, al menos, soñado,
que para la gente como uno es casi lo mismo.
Es que uno los suelta, los deja irse, los deja perderse y quedarse a dormir en casa de otras gentes.
Imagine el lector que el mundo es perfecto y uno puede soltar a un hijo sin miedo a perderlo
y le dice entonces "Ve a quedarte donde tu amigo o donde tu novia"
sin sentir el miedo y la preocupación, sabiendo que en algún momento volverá crecido.
No hay por qué tener miedo, no hay forma
de que un poema se lastime.
A los poemas nadie los asalta en la calle por quitarles algo
pues tienen nada.
¡Y disfrutan tanto el vagabundeo! Pulular por las noches caminando entre la niebla
es para ellos como un sueño:
van contando las estrellas, intercambiando opiniones con los murciélagos y los búhos
─de noche no andan muchos pájaros─
y con esas mariposas que son menos mariposas y más polillas solo por ser feas;
y cuando se terminan las distracciones vuelven, llegan a casa
y sentados en el borde de sus camas
se sacan las rimas y las sílabas
y acuestan a descansarse el ritmo.
Y uno ni tiene que levantarse para ver cómo volvieron.
Porque ellos vuelven siempre con algo nuevo en su genética, algo que no heredaron,
que uno no pudo haberles dado porque uno es uno y ellos,
los poemas, son hijos un poco de toda la gente que los va leyendo.
Por eso yo no los recuerdo a veces, porque no hace falta vigilarlos
porque son poemas buenos, bien educados, que van y vuelven contentos
a mostrarme enseguida lo que aprendieron fuera.
Y están tan contentos a veces con tan poco que se me hace
futuro la boca viendo la simpleza y la humildad
con la que van creciendo.
¿Y qué otra cosa que escribir me queda?
¿Y qué otra cosa que escribir me queda?
Sacar la sangre del cuerpo
sacar con la sangre lo negro
la maldición
el verso
el sino
Drenar las venas abiertas
poner sal a las heridas
cicatrizar o agusanar
pero dar punto final
¿Y quién va a leerme lo que sangro?
Habrá alguien,
un lector
un solo y único lector
que redima
un lector tirado en su cama
en su tristeza
en su abandono
leyendo esta vida.
Ser
él mi compañia
yo la suya
todo eso ha hecho el poema:
encontrarnos
unirnos por las heridas
como siameses
la sangre corre
negra
como una muerte
por el poema
moriremos juntos
lector y poeta
en un solo poema.
Sacar la sangre del cuerpo
sacar con la sangre lo negro
la maldición
el verso
el sino
Drenar las venas abiertas
poner sal a las heridas
cicatrizar o agusanar
pero dar punto final
¿Y quién va a leerme lo que sangro?
Habrá alguien,
un lector
un solo y único lector
que redima
un lector tirado en su cama
en su tristeza
en su abandono
leyendo esta vida.
Ser
él mi compañia
yo la suya
todo eso ha hecho el poema:
encontrarnos
unirnos por las heridas
como siameses
la sangre corre
negra
como una muerte
por el poema
moriremos juntos
lector y poeta
en un solo poema.
Habrá que aprender...
Habrá que aprender de la primavera:
de cómo ama ella a los parques y jardines,
de cómo reverdece a los paseos públicos,
de cómo florece todo lo que toca.
Habrá que aprender del verano:
de cómo ama la claridad y la luz,
de cómo sigue ardiendo a pesar de las tormentas.
Habrá que aprender un poco del otoño:
de cómo sobrevive a la muerte
alimentándose por dentro mientras la piel se seca.
Habrá que aprender del invierno
a amarnos tapados hasta las narices,
a juguetear bajo las frazadas como niños.
Habrá que aprender de todo para amarnos
o no habremos aprendido nada.
de cómo ama ella a los parques y jardines,
de cómo reverdece a los paseos públicos,
de cómo florece todo lo que toca.
Habrá que aprender del verano:
de cómo ama la claridad y la luz,
de cómo sigue ardiendo a pesar de las tormentas.
Habrá que aprender un poco del otoño:
de cómo sobrevive a la muerte
alimentándose por dentro mientras la piel se seca.
Habrá que aprender del invierno
a amarnos tapados hasta las narices,
a juguetear bajo las frazadas como niños.
Habrá que aprender de todo para amarnos
o no habremos aprendido nada.
Mi sombra lleva traje
Mi sombra lleva traje
y elegante moño y mocasines.
Mi sombra, la que antes arrastraba
las plantas descalzas de los pies.
Mi sombra aprende idiomas y habla
de igual a igual con los más importante señores.
Mi sombra discute con acento suave sobre temas importantes
y cita con autoridad a los mejores autores.
Mi sombra, que es negra, se da una vida
que nunca soñamos.
Se da la gran vida desde que tú has entrado en la mía
y así yo puedo vivirme la vida a tu lado
mientras ella me lleva los asuntos de oficina.
y elegante moño y mocasines.
Mi sombra, la que antes arrastraba
las plantas descalzas de los pies.
Mi sombra aprende idiomas y habla
de igual a igual con los más importante señores.
Mi sombra discute con acento suave sobre temas importantes
y cita con autoridad a los mejores autores.
Mi sombra, que es negra, se da una vida
que nunca soñamos.
Se da la gran vida desde que tú has entrado en la mía
y así yo puedo vivirme la vida a tu lado
mientras ella me lleva los asuntos de oficina.
La ciudad no entiende de estas cosas
La ciudad no entiende de estas cosas:
de besos y caricias
por las oscuras esquinas
como si una mano extraña la violara
en cada plaza
en las veredas, los portales...
La ciudad se retuerce un poco pero se deja.
A veces sospecho que está harta
de tanto asfalto frío y hormigón
con alma de acero,
toda esa falsa pretensión de alcanzar el cielo
subiendo y subiendo
solo por alimentarse el ego.
Podría jurar que la ciudad
está triste y sola
soñando un amor que no le llega
y que es por eso
que nos deja
tanta plaza, tanto esquina
y portal oscuro
donde besarnos y dejarle,
de paso, una tibia caricia en sus inviernos.
de besos y caricias
por las oscuras esquinas
como si una mano extraña la violara
en cada plaza
en las veredas, los portales...
La ciudad se retuerce un poco pero se deja.
A veces sospecho que está harta
de tanto asfalto frío y hormigón
con alma de acero,
toda esa falsa pretensión de alcanzar el cielo
subiendo y subiendo
solo por alimentarse el ego.
Podría jurar que la ciudad
está triste y sola
soñando un amor que no le llega
y que es por eso
que nos deja
tanta plaza, tanto esquina
y portal oscuro
donde besarnos y dejarle,
de paso, una tibia caricia en sus inviernos.
Después dirán que no valió la pena
Después dirán que no valió la pena
y que perdían el tiempo
en un amor sin futuro...
Pero después,
porque mientras duraban esos encuentros
ninguno de los dos podía pensar
con tanto ruido de cama, de gemidos y de dulces quejidos.
y que perdían el tiempo
en un amor sin futuro...
Pero después,
porque mientras duraban esos encuentros
ninguno de los dos podía pensar
con tanto ruido de cama, de gemidos y de dulces quejidos.
Se miran a los ojos
Se miran a los ojos,
se sonríen;
tienen todavía el recuerdo
húmedo e inmediato
del amor
pero como dos niños
a los que aún les queda un dulce
se miran a los ojos,
se sonríen
y piensan
en volver a amarse.
se sonríen;
tienen todavía el recuerdo
húmedo e inmediato
del amor
pero como dos niños
a los que aún les queda un dulce
se miran a los ojos,
se sonríen
y piensan
en volver a amarse.
Los desaparecidos
Los desaparecidos
"aquí estamos los que desaparecieron"
Claudia Verduzco
No solo se desaparece gente con un fusil.
Hay otras formas, otros métodos más silenciosos, más políticos.
Son las víctimas de esa otra violencia,
de ese genocidio silencioso
que les cerró las bocas al pan y a la palabra;
esa otra violencia que va desapareciendo generaciones enteras
debajo de la alfombra política y de las cifras oficiales.
No se ha disparado un fusil en décadas
pero seguimos desapareciendo, de a pocos, de a muchos,
de a uno, de a miles...
Esos niños descalzos y sucios que van a la escuela
mañana estarán desaparecidos;
el hombre que fue pasado a retiro antes de tiempo
y lleva años buscando un salario
está desaparecido.
El obrero sin fábricas, el enfermo sin hospital,
los maestros sin educación,
el músico sin música, el poeta sin versos...
todos están desaparecidos.
Es más fácil desaparecer hombres y mujeres con la política
porque no hay condena para estos genocidas de traje y oficinas del estado.
Nadie va por las calles al grito de "¡asesino!" señalando
al Intendente, al Gobernador o al Presidente.
Nadie acusa a legisladores y a ministros
y, sin embargo,
¡a cuántos han desaparecido en silencio!
La tortura es lenta, es ir viendo como se achican los espacios
y las libertades.
Un día hubo unas horas menos de trabajo, al otro
un medio sueldo, y una tarde
ya no hubo útiles escolares, ni ropa limpia,
ni cena ni desayuno.
Con un par de decisiones se desaparece.
Los comedores barriales están llenos de desaparecidos;
los hospitales públicos están llenos de desaparecidos;
las escuelas públicas están llenas de desaparecidos...
las calles están llenas de estas sombras
Ni vivos ni muertos: desaparecidos.
Ah, los peces azules de tu piel desnuda
Ah, los peces azules de tu piel desnuda
jugando con mis tigres grises...
Son pétalos las prendas que te cubren
y en el último jirón de tela que te quito
se descubre que me quieres.
Juego donde inventas las palabras.
Te diviertes, dejas que juegue.
Que duerma la urgencia
en la ingle...
que ya vendrá todo
y se irá.
La noche tiene los dientes afilados
pero besa con ternura a los amantes
sin herirlos.
Cien besos, diez miradas, veinte dientes, mil niños
muertos en el África o como sea que se mida el tiempo
la noche es una bengala y se apaga.
Que todo es un instante tan pequeño para Dios
que hasta parece que hubo entre los dos
una eternidad.
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