Ah, los peces azules de tu piel desnuda


Ah, los peces azules de tu piel desnuda
jugando con mis tigres grises...

Son pétalos las prendas que te cubren
y en el último jirón de tela que te quito
se descubre que me quieres.

Juego donde inventas las palabras.
Te diviertes, dejas que juegue.

Que duerma la urgencia
en la ingle...
que ya vendrá todo
y se irá.

La noche tiene los dientes afilados
pero besa con ternura a los amantes
sin herirlos.

Cien besos, diez miradas, veinte dientes, mil niños
muertos en el África o como sea que se mida el tiempo
la noche es una bengala y se apaga.

Que todo es un instante tan pequeño para Dios
que hasta parece que hubo entre los dos
una eternidad.

Así, contra el futuro


Así, contra el futuro
te quiero
queriéndome
en el presente.

Así, contra el futuro
me quiero
queriéndote
en el futuro.

Manifiesto


Tu dame tu nube
yo te daré mis lluvias
haremos paraísos
por doquier
y que no importe,
que nunca digan
que nos dejamos engañar
por la poesía.

No va a pasarnos nada:
somos millones de arenas
sin desiertos
la vida está ahí
dormida entre tus cuentos
mis pequeños versos
nuestros libros.

Sea yo tu ventana
y tú mi gato
posado y ronroneando
atento al vuelo
distraído de una mariposa.

Si es esta
nuestra primavera
que se note
y que no digan
que nos dejamos engañar
por la poesía.

Vamos a animarnos a ser libres
media tarde, cuarta lluvia
un tercio de siesta
un octavo de abrazo
compartido
entre dos mitades.

Y a ese que viene
de a palo y garrote
cerrarle la puerta
para que no nos vea.


Y de ser posible
tú te me quedas
y me desnudas también
el poema

que hoy, por encima
de tanta tormenta
se nota en tus ojos
el pez
vivo de una pupila.

¿Y qué si es esta
la hora de dormir?
Puedo cerrar cien ojos
y aún el sueño
no vendría.

Mantengamos el cielo
juntos
que de estrellas
me sé la vida.


Soltemos, compañera
la pluma heroica
y defendamos con poesía
el santo derecho
a estar la vida
entera
dejándonos mentir
por la poesía.

Todo muerto...


Todo muerto,
gris cemento hormiguero
paja seca
en los floreros.

Recuerdo que hubo un antes:
las flores se cortaban del jardín
y se dejaban en la ventana
de la vecina que nos desvelaba.

Había muchachas que guardaban
entre las hojas de un libro
esas flores
por años.

¿Habrá alguien que todavía nos recuerde?

Doble


En la hojarasca,
entre las hojas muertas
la mariposa

las alas secas,
como las hojas muertas
de la hojarasca.

Si el verso es ala


Si el verso es ala,
si el poema pájaro...
¿es el libro una jaula?

Hay poetas que escriben jaulas,
libros que encierran poemas...

Habrá que aprender a hacer libros que vuelen
libros bandada,

Escribir bandadas de poemas...

Me reconocerás por el sonido


Me reconocerás por el sonido
de esa guitarra fabricada
con la madera del árbol
que seré.

Así, amigo, me reconocerás cuando haya muerto
y esté, bajo la tierra
alimentando el árbol
del que saquen la madera
con la que fabriquen la guitarra 
con la que te acompañes en tus juergas
cuando yo ya me haya muerto.

Así, amigo, seguiré siendo en la muerte 
tu amigo todavía.

La ojerosa noche de estrellas vacías



La ojerosa noche de estrellas vacías, 
como las manos
de un amante. 
Tu presencia nocturna como las manos 
del pez;
tu vientre frío y tu silencio gris 
de plumas secas 
y tu muerte 
de toros blandos bufando 
un futuro de puros negros sin rojos
que se diluye en la arena como utopías viejas.

¿Cómo es que hay tanto tú sin ti?
¿Cómo es que hay algo sin ti?
En mi imaginación hay todo un mundo sin ti
pero tanta ciudad no sirve 
y tanto árbol creciendo y dando flores
que no puedo arrancar para ti. 

La noche me ha traicionado en el espejo
y me duermo creyendo que sueño.

Por este beso guardaré silencio y luto.

Para mañana me inventaré otro nombre
y moriré en silencio sin contar ni un beso.

Soy una sombra


Soy una sombra: 
la sombra del ala, 
de la rama; 
la sombra del canto del pájaro,
el eco de sus plumas rojas
azules y amarillas.

Tráfago


Entonces en una esquina
me invento el siguiente cuento:
que un semáforo tuerto
me da un guiño
como diciendo
"tranquilo, que es todo un juego,
aquí nadie muere
sin tener un beso".

Pájaros


Pájaros,
no siempre coloridos
ni de canto afinado.
Pájaros
a veces negros
como murciélagos
─se de alguien a quien
le gustan los murciélagos.

A veces duermo
o no duermo
entre el caos de plumas
que me dejan;
plumas sueltas,
nada entero,
no llegan entre todas a ser pájaro.

Pedacitos de pájaros
que no consigo armar.

Pájaros que apenas nacen
y ya se me van.

Adriana


A ver, cuéntame esa historia,
la de tus días y tus noches sin mi.
Cuéntame tu huella sobre el pasado,
sobre el camino que ambos recorríamos sin saberlo
y que un buen día nos dejó desnudos bajo el mismo techo.
Cuéntame de los árboles que sembraste, de las flores
que dejabas crecer en tu jardín y de los hijos que no tuvimos
y esperan que abramos las puertas de ese laberinto
biológico de la reencarnación.
Háblame de esa otra mujer que no era mia
cuando todavía yo no era tuyo.

Un duende juguetón se alegra con tu cuerpo


Un duende juguetón se alegra con tu cuerpo,
se regodea, borracho de tus sombras desnudas,
ama tu locura de gata en celo, tu fiereza salvaje,
tu lado más animal cuando lo humaniza el amor.
La noche nos encierra en una cajita pequeña donde solo caben los sexos.
Dos almas prestas a mostrar los dientes si el amor
así exigiese.

Vendré con mis flores marchitas:


Vendré con mis flores marchitas:
mis pétalos secos, mis espinas sin punta.
Vendré a tocar tu puerta con mis muñones.
Vendré y esperaré en tu puerta como un mendigo.
Esperaré con la escarcha de la noche enamorada en mi barba.
Esperaré la noche y el día y la noche que sigue y el día que les siga.
Vendré a que me resucites; a que me conviertas en pan las piedras,
en vino las aguas, en vida eterna mis llagas.

Vendré a ser tu milagro yo, mi Dios vos.
Vendré a tocar con mis heridas tu vestido para curarlas.

Esperaré, sin ser digno, que entres en mi casa
y con dos palabras tuyas bastará para sanarme.

En otro lugar de América alguien te cruza en la calle


En otro lugar de América alguien te cruza en la calle,
indiferente a esta idea constante de no tenerte.

En otro calle alguien pide una moneda
y alguien se la niega y nos hace hermanos en la carencia.

¿Somos uno, dos o tres los que no tenemos?
Las matemáticas suelen sucederle de esta forma
a los que cuentan carencias.

Cuando éramos niños creíamos, después crecimos
─crecer es descreer de tantas cosas.

Un perro llora en algún patio vecino y un gato mojado por la lluvia
estornuda del otro lado de la ventana.

No hay mucho que hacer o que mirar.

Sé que hay ancianos que duermen la tarde
con los ojos puestos en el reloj en la pared
esperando que la noche traiga el descanso a su cotidiana vejez.

Ser un pez, y no saber del agua. Ni imaginar el aire
o la tierra firme y la evolución.
Desear no tener deseos ─y saber que se está deseando.

Conocer a esa mujer que no conoce esta lluvia,
que vive en otra lluvia.

Desear a esa mujer.
Que sea mi adverbio de lugar.

Resumen de la tarde:
llueve.