De suerte que podamos continuar

De suerte que podamos continuar
con nuestras vidas tú
en tus oficinas yo
en mis papelitos
bien hemos hecho
en olvidarnos.

De suerte que podamos continuar
jurando amor eterno tú
a un espantapájaros yo
a mi dulce compañera
bien hemos hecho
en olvidarnos.

De suerte que podamos continuar
jurando en vano tú
por tu falsa honestidad yo
por mi falsa comprensión
bien hemos hecho
en olvidarnos.

De suerte que podamos continuar
durmiendo tú
con tus pobres sueños yo
con mis pesadillas
bien hemos hecho
en olvidarnos.

¿Puedo pedirte un favor...

¿Puedo pedirte un favor?
Es que ayer te encontré de nuevo y tú sabes
cuánto me costó olvidarte.
He logrado quitarte de mis tardes o,
al menos,
de la mayoría de ellas -cuando
llueve
todo se hace tan difícil.
Y ya sólo dos o tres veces al día
me imagino que vienes.
Pero, en general, tu olvido marcha según lo planeado
y todo va bien en mi vida sin ti.
Mis asuntos de trabajo han mejorado un poco
desde que conseguí olvidarte.
A veces sonrío al ver alguna mujer y desearla
sin recordar tu cuerpo, y hasta duermo
unas pocas horas de vez en cuando.
Pero otra vez anoche has vuelto y me obligas a pedirte
que por favor me olvides. Inténtalo o, al menos,
deja de pasearte, igual de hermosa que antes, por mis sueños
como si fueran tuyos. Por favor.

Ven, Mujer, con tus pies desnudos

Ven, Mujer, con tus pies desnudos
a pisar la alfombra de mi cuarto, a poblar
las soledades de esta casa.
Trae tus hojas secas y hagamos primaveras
que están marchitas las tardes de oír
el murmullo de las lluvias burlándose de mi.
Trae tus besos para celebrarlos con vino,
que rediman ellos el fantasma
de un beso que ronda el cuello de mi camisa.
Mi gran aventura en la vida, por tus formas desnudas.
Ven, Mujer, que ayer soñé contigo lamiendo mis heridas:
bebías de mi cuerpo alguna sed antigua
y eras una dulce madre contándole a su niño historias
para dormir.
Ven, Mujer, con las palabras que me amas escritas en tus senos
a que las lea como un ciego.
Ven, Mujer, hagamos eterno el amor.

Inconcluso

Ahogada de lejanas utopías,
como la lluvia o tus besos,
sigue la vida.

Cuatro brazos, cuatro piernas, dos cabezas...

Cuatro brazos, cuatro piernas, dos cabezas...
es el monstruo que el amor crea,
alimenta de ilusiones,
y divide.
Dos brazos, dos piernas, una cabeza...
es el monstruo de la soledad.

Será el amor un invento de poetas

Será el amor un invento de poetas pero
prefiero el sueño a la teoría de la ciencia.
Que no va besarme mi mujer por hablar de economía
y eso sí que es ironía:
¡todo el pensamiento puesto
en obtener una ganancia
y ni un beso ganar en todo el día!
Que prefiero un literato a un funcionario y eso
que no le falta verso y es puro cuento la política.
Que me siento más seguro entre tus piernas
que en un cuartel de policía.
Que me duermo pensando en tus abrazos
más que en la comida que tendré o en medicinas
y que dos besos tuyos serán más
que mil palabras en el diario de mañana.
Puede que el amor sea un invento de poetas
y que ya no esté de moda,
pero ven a besarme esta tarde, y
no te demores, que la soledad ahoga.

Del amor sé la sombra. De lo demás...

Del amor sé la sombra. De lo demás,
las luces falsas de neón. Que sólo el amor
es verdadero, aunque ilusión y sueño.
Que tampoco el mundo es real y de la misma
cosa que la mentira está hecho el universo.
Somos de corto entendimiento, vemos
solo aquello que con los ojos vemos.
Nos falta el sentido de sentir.
Cierto que de pan vivimos y cierto también
que tenemos urgencias materiales que atender,
pero finalmente, solo de amor morimos,
y será el amor una mentira, o la mentira,
pero no hay mentira que se parezca más a la verdad.

Quizá deje un verso

Quizá deje un verso
en la última hora.
Uno pequeño
y humilde
que descanse
los sentidos.
Quizá deje un verso
que te nombre en el silencio
y te cuente
que tuve un lindo día
pero de mucho extrañarte.
Quizá deje un verso
que mendigue una lectura,
pero es un verso mio
y te lo hice dedicado.

A Borges

Las líneas sobre la piel del tigre,
los repetidos pasillos del laberinto,
los senderos que se bifurcan,
los infinitos recuerdos de Funes.
Los múltiples caminos de la locura
por los que un ciego buscó con desesperación
a un Dios que la razón le negaba.
Finalmente, cuando las dos fechas
en la piedra lo abrazaron,
una sombra de inmortalidad
recibió al moderno Homero.

Amaba el viento los delicados brazos del árbol

Amaba el viento los delicados brazos del árbol.
Lo amó primero en silencio, luego
con una brisa suave se atrevió a enamorarlo.
El árbol correspondió el amor y fueron una
danza de hojas y vientos enamorados.
Tuvieron su suave primavera en la que el viento acariciaba
levemente y el árbol daba sus mejores flores.
Se conocieron, se amaron y se dejaron envolver
por un verano de ardientes tardes y desveladas noches.
Pronto la pasión se convirtió en costumbre y
se hicieron mutua y suave compañía en el otoño.
Cuando la rutina trajo amaneceres con escarcha
al viento lo entorpeció el miedo y fue brusco en el abrazo
sin notar que desnudaba el fresco verdor que lo amaba.
Finalmente el árbol se sintió agobiado por la fuerza
de aquel viento enamorado y harto de sentirse desnudo
ante tal violencia se entregó al desamor.
Y el viento amó con fuerza, pero el delgado
tronco cedió y la misma fuerza con que abrazaron al amor
les destruyó el amor aquel invierno.