Ante la sed cedemos

Ante la sed cedemos,
bebo, bebes, no bebemos,
dos soledades sedientas
que se agotan, dos
copas que se desnudan.
Todo pasa en las pieles,
la sed cede espacio,
la soledad, en apariencia, desaparece.
Todo dura un instante -una noche, una hora,
¿cómo saberlo si el tiempo es intangible?
Los cuatro brazos de un monstruo
inquebrantable y mezquino,
famélico -y ya sabemos,
lo dijo el poeta,
cuando el alma está famélica
es el cuerpo un lobo
para el hombre.

Se beben la soledad mía
y la tuya en aguas obscuras,
que el agua es fresca cuando corre
y se ensucia si se estanca
y ya lo sabes, somos
represas
rompiendo los muros de la celda.

La noche acaba en la cama,
vuelven las dos soledades
a la sed cenicienta.

Te extraño como si aún te amara

Te extraño como si aún te amara.
Habitas en mis sueños y me inundas,
me abarcas, tu sombra crece, se extiende
más ancha aún que el pasado y roza,
hasta cortarlo, el descuidado presente.
Me haces falta de una forma triste, tangible.
Me recorres, me agotas, pero no me tocas.
Te anhelo en el espacio que abrazo
cuando despierto de verte.
Te extraño como si al irte te hubieras
llevado algo que era mío y ya no encuentro.
A veces, de noche, cuando me desvelo
te sueño desnuda, te invento, borrosa,
como el recuerdo que tengo de tu cuerpo.
A veces me miento y me digo que sientes
cuando le quito tu ropa al aire y que en sueños
igualas tus ganas a las mías.
Te extraño como si aún te amara,
como si fueran diferentes cosas el pasado y el futuro.
Te extraño como si aún te amara,
como si olvidara que había logrado olvidarte.

La piel

La piel,
al tiempo que la razón
nos adormece con
caricias de falso olvido,
acecha mascullando un nombre
como una sombra.
No es posible engañarla.
No hay dos bocas que se parezcan
ni un beso que sea igual a otro.
Y la piel recuerda, y exige.
Exige silenciosa.
Exige un beso innegociable.
Maliciosamente, calla. Acecha.
Su estrategia es ser paciente,
esperar una noche
en un sueño
y todo se destruye ante las nueves letras
inmortales, orgullosamente erguidas,
de un nombre que creímos muerto.
Hay besos que no escriben historias.
La piel, que es cuero y escudo,
ignora y anhela
todos los besos y el beso.

¡Ay pasado!

¡Ay pasado!
¡Tan dulce tu sabor a
tentación! Volvamos
a equivocarnos que fue
bello el error de creer
que nos amamos.

Instrucciones para asumir el fracaso

Termine de cenar y apague todas las luces innecesarias.
Acomode el cuerpo en su sillón preferido,
que estará, si es hombre de bien, junto a una ventana
por la que se vea el mundo. Si llueve es mejor
pero no se sienta poca cosa si no logra que llueva.
También pueden servir un cielo estrellado en verano
o una fría noche en invierno si tiene con qué abrigarse.
Intente olvidar el trabajo rutinario y el carácter insufrible de su jefe.
No piense en esa mujer que lo abandonó ni en el hombre
que se la llevó sin merecerla que, finalmente, usted tampoco la merecía.
Busque algo de buena música que lo relaje. Si fuma, encienda un cigarrillo,
pero juegue antes con él pasándolo por entre sus dedos.
Ignore las innumerables trampas que le tenderán su biología y,
más aún, su psicología. Respire hondo.
Trate de sentirse un ser humano completo y acabado. No podrá,
pero no pierda la calma, es normal si lleva usted
el tiempo suficiente en este mundo.

Tomemos el resto de esta tarde para recordar

Tomemos el resto de esta tarde para recordar.
No olvidar que fuimos cómplices los dos
en la mutua estafa de un amor para siempre.
Pensar que alguna vez moríamos por vernos
y cualquier minuto que pudiera robarse
a la familia era una eternidad de besos en despedidas
infinitas en la esquina de tu casa.
Quizá quieras aprovechar esta tarde para recordar
el vestido floreado de la primera vez,
los mediodías que escapabas de la universidad
para almorzar conmigo,
o el nombre de ese hijo que nunca tendremos juntos.
Sería un bello gesto de tu parte recordar,
con algo de cariño, todo lo que hicimos bien
y volver, una tarde, a decir "también te amé,
perdón por lo demás".
Aprovecha esta tarde, mientras él se levanta para ir
a trabajar y tú te preguntas si de verdad
estaba todo perdido.

De suerte que podamos continuar

De suerte que podamos continuar
con nuestras vidas tú
en tus oficinas yo
en mis papelitos
bien hemos hecho
en olvidarnos.

De suerte que podamos continuar
jurando amor eterno tú
a un espantapájaros yo
a mi dulce compañera
bien hemos hecho
en olvidarnos.

De suerte que podamos continuar
jurando en vano tú
por tu falsa honestidad yo
por mi falsa comprensión
bien hemos hecho
en olvidarnos.

De suerte que podamos continuar
durmiendo tú
con tus pobres sueños yo
con mis pesadillas
bien hemos hecho
en olvidarnos.

¿Puedo pedirte un favor...

¿Puedo pedirte un favor?
Es que ayer te encontré de nuevo y tú sabes
cuánto me costó olvidarte.
He logrado quitarte de mis tardes o,
al menos,
de la mayoría de ellas -cuando
llueve
todo se hace tan difícil.
Y ya sólo dos o tres veces al día
me imagino que vienes.
Pero, en general, tu olvido marcha según lo planeado
y todo va bien en mi vida sin ti.
Mis asuntos de trabajo han mejorado un poco
desde que conseguí olvidarte.
A veces sonrío al ver alguna mujer y desearla
sin recordar tu cuerpo, y hasta duermo
unas pocas horas de vez en cuando.
Pero otra vez anoche has vuelto y me obligas a pedirte
que por favor me olvides. Inténtalo o, al menos,
deja de pasearte, igual de hermosa que antes, por mis sueños
como si fueran tuyos. Por favor.

Ven, Mujer, con tus pies desnudos

Ven, Mujer, con tus pies desnudos
a pisar la alfombra de mi cuarto, a poblar
las soledades de esta casa.
Trae tus hojas secas y hagamos primaveras
que están marchitas las tardes de oír
el murmullo de las lluvias burlándose de mi.
Trae tus besos para celebrarlos con vino,
que rediman ellos el fantasma
de un beso que ronda el cuello de mi camisa.
Mi gran aventura en la vida, por tus formas desnudas.
Ven, Mujer, que ayer soñé contigo lamiendo mis heridas:
bebías de mi cuerpo alguna sed antigua
y eras una dulce madre contándole a su niño historias
para dormir.
Ven, Mujer, con las palabras que me amas escritas en tus senos
a que las lea como un ciego.
Ven, Mujer, hagamos eterno el amor.

Inconcluso

Ahogada de lejanas utopías,
como la lluvia o tus besos,
sigue la vida.