Es normal estar confundido...


Es normal estar confundido, tener dudas, tener miedo.
Es normal no saber a dónde va uno y su vida,
a qué aspirar o contra qué medirse
para saber si está haciendo las cosas bien o mal.
A veces un sueño nos desbarata todo el esquema
que con tanto trabajo habíamos logrado construir.
En un segundo, una palabra, un rostro que cruzamos en la calle
nos deja tirados al costado de ese seguro camino que c
reíamos recorrer.
A veces es normal no saber qué hacer, o cómo,
porque lo común es que vivamos como seres humanos:
confundidos, envueltos en incertidumbres
porque vivir es ir por la vida aferrados a ilusiones y esperanzas
tan frágiles como la cáscara de un huevo.
Es normal estar confundido, o sentir a veces que uno está quebrado.
Es normal, pero más todavía es humano
dudar, temer, preguntarse y repreguntarse
qué es la vida y si estamos, o no, en el camino correcto.
Es tan normal como ser humanos querer ser felices y,
a pesar de todo, seguir intentándolo cada minuto de nuestras vidas.

No ha sido vana la jornada


No ha sido vana la jornada,
y ya la noche llega y pone
ya sobre la almohada,
ya sobre los versos,
la cabeza del hombre que ve
caer la helada en la ventana.

En este momento mueren todas las palomas


En este momento mueren todas las palomas
y todas las plazas;
mueren los carros, las oficinas; los árboles
se van apagando hasta volverse
sombras negras en la ventana.
Se terminan las conversaciones en los bares,
se acaba el chusmerío,
el griterío incesante de los niños,
las quejas y rezongos entendibles
de los adultos.
Se apagan los televisores, los computadores
los radios y todos
esos aparatos que han sido
las manos de las mucamas.
Se ha muerto el sol, y el cielo, y las nubes
dejan su lugar a unos fantasmas
que bailan en orgías con la luna.
Se han muerto el día y los labores
y pronto ─ya es la noche─
también habrán muerto los hombres.

Micro-poéticas


I
La poesía es la derogación absoluta de todas las leyes del universo, el triunfo de lo concebible por sobre lo probable.


II
Todo empezó hace mucho, en una rima o un simple verso. Lo demás no lo recuerdo, fue un huracán que se llevó el viento.


III
Y es que me aburro, ¿saben?, y se me antoja, entonces, gritar en silencio todas esas cosas que no tengo para decir.

IV
¡Estas no son horas de andar por el viento! ─les dije una noche a mis versos. Sordos serían, porque no volvieron hasta el otro día. ¡Versos! ¡Mejor sería criar cuervos!

V
¿Quieres saber un secreto? Hoy no me dejaré escribir. Mejor vete a dormir─ me dijo el poema. Y yo le obedecí. Discutir con un poema es como discutir con una mujer.

VI
He desbastado la soledad como se tala un árbol, sin pensar que el bosque seguirá viviendo allí, entre la hierba inapagable y el cielo inalcanzable.

VII
Alguien derrama una lágrima. Alguien la recoge. Y el amor sigue su tortuoso recorrido por la selva humana.

VIII
Construí cadenas. Yo, que quería puentes.






No soy, he sido


No soy, he sido
un largo camino:

semilla planta árbol

madera guitarra canto

poema libro poeta

No he sido, soy
un ser sostenido.

Mudo encierro el de tu cuerpo ausente


Mudo encierro el de tu cuerpo ausente
cuando una luz, que se apaga y que se enciende,
desbarata así las horas de todas las mañanas.
Quiero ser tu ausente pájaro devuelto
de pronto, y sin razón,  a las fuentes
que un invierno centenario no ha logrado endurecer.

Dos amantes que se besan en un parque
desgastan besos que otros, ya quisieran,
gastarían como gastan
la noche, las lunas y el día, los soles.

Dime tú quién puede ser el alma
de esta aurora desafiante como el diente
de un felino, o la pluma de un poeta encarcelado.

Todo esto, y más también,  me  ha traído un viento
montado en los colores en los que esperaré la muerte.

Mientras tanto,
que me nombres recostada en tu noche sola,
que me pongas en tus labios como un dedo
que se posa en unos pechos
me delata, me persigue como un sueño, o pesadilla,
y me despierta
de ese otro sueño que es la vida.

¿Será feliz la primavera que se aproxima a los amantes
o será el silencio en el que muere
la inconclusa sinfonía?

Tu caminas ya recorriendo los senderos
que he trazado en mis jardines. Yo,
en la ventana ciega de la torre en que me encierra
mi poema te descifro y te adivino en tu forma de luna
o de médano, o de ensueño.

Hay, todavía, un pájaro rosado que canta al amanecer
y un lago de aguas blancas sin orillas
y un asedio interminable de tu nombre
haciéndole cosquillas a mis noches.

Recorro con la punta de mis dedos


Recorro con la punta de mis dedos,
suavemente, como si te acariciara,
las venas dibujadas sobre un mapa
inventándome el camino que separa
el lugar donde te encuentras
del lugar donde me faltas.

Escupo las palabras que me están...


Escupo las palabras que me están
sobrando. Las devuelvo al viento.
Me deshago de ellas o ellas
se deshacen de  mi. Sonidos
fabricados para ser escritos
y perdurar por sobre el hombre
que los suelta en un papel.
Ironía que define, a la vez,
a la poesía y a la música:
ser, ambas artes, sonidos escritos.

Son tus milagros mujer


Son tus milagros mujer,
tus pequeños milagros de cada día
como el café de la mañana,
la siesta, la sobremesa después
de la cena. Tu cotidiano modo
de volver poesía
cada simple acto de la vida.

Me cerraste las palabras con un beso


Me cerraste las palabras con un beso
que fue, en mis labios, el mejor verso
que pudiera escribirse.
Te acaricié el cabello, te besé con la mirada
los ojos negros
y ardió una tarde de invierno
que parecía condenada al hielo.
Son tus milagros, mujer,
tus milagros de hembra destinada
a despertarme.