Si todas las esperanzas, unidas

Si todas las esperanzas, unidas,
cosidas por manos trabajadoras
formaran una única bandera
el mundo ya hace rato tendría
su paraíso
sin que hiciera falta
ni tanto cura ni tanta iglesia.

Si todos los hombres fueran buenos
con las mujeres
y todas las mujeres
buenas con los hombres
y todos buenos entre todos
entonces,
¿qué necesidad habría de
Estados y Vaticanos?

¿Será por eso que nos hacen brutos?
¿Para hacernos malos?

¿Será que saben
lo hermoso que sería un paraíso
hecho con nuestras propias manos?

Ella era todo lo que tenía

Ella era todo lo que tenía:
sus ojos, sus manos, su cuello
su pelo negro, su boca tan abierta a los besos
sus piernas tan brazos en el amor,
sus pocos sueños rotos
y sus esperanzas de bohemia,
sus dientes y sus huesos...
todo lo que era parte de ella
contaba él en el catálogo
de las cosas que más amaba.

Si supiera qué escribir o cómo

Si supiera qué escribir o cómo,
qué adjetivo darle a tu forma
y que sea tu esencia lo que nombre
y no tu superficie efímera, animal.

Si fuera tan simple decir las cosas como son
sin ser otro poeta más luchando con los nombres.
Afirmar que la nieve es algo más que blanca o fría,
que el río es más que espejo o vida que va al mar
o el niño que no se vuelve a ser jamás.

Encontrar en el nombre la cosa.

Abandonar para siempre los poemas que dicen
y escribir uno que sea.

Olvidar de una buena vez la duda semántica
y la simiesca retórica,
quitarme en un verso exacto el peso
de todas las máscaras
y ser
simplemente feliz:
amar a la rosa y no a la espina, al camino
y no a la piedra, a la mujer y no al amor.

Ella casi siempre calla...

Ella casi siempre calla. Guarda trozos de silencios
como un rompecabezas.

Un ave dentada anhela sus nidos
pero ante ella, todo lo nombra
y dice nada:
enumera las cosas por su nombre
y les quita la esencia
y el cuerpo
y se le secan los dientes vanos
como las hojas muertas de un árbol.

El hermoso cuerpo es de luna y la noche
es de soledades,
de madreselvas de hojas oscuras trepando las terrazas
húmedas.
El agrio espíritu del tabaco alimenta incertidumbre:
la noche es ciega
y muda:
el tercer verso ha muerto en el vientre de una mujer
en paz, dormida.

Los amantes son agua sedienta
como el ala, que es cielo pero es cuerpo y no es aire
o la montaña,
horizonte que no es cielo y es piedra.

Pero esta ventana no tendrá un maravilloso paisaje al otro lado.

Las horas insisten, como el amor
o la necesidad de un cuerpo
preciso.

Ella casi siempre calla. Guarda trozos de silencio
como un rompecabezas
que él no logra armar.

Cuando un hombre muere...

Cuando un hombre muere ha de ser devuelto a la tierra.
Así lo exigen Ella y los Dioses
y los hombres, obedientes,
abrimos una boca en la tierra
y devolvemos
el cuerpo que siempre ha sido suyo.

Entonces,
¿a quién o cómo se ha de devolver un ave
cuando muere?

El sol de octubre no fue el mismo este año (Noviembre sin ti)

El sol de octubre no fue el mismo este año
y noviembre sin ti fue diferente
al noviembre sin ti del año pasado.

Los hombres serios de las academias dicen
que el sol es el mismo
siempre.
Ellos se han esforzado mucho en ir a escuelas
a desaprender las cosas
y han pasado muchos sacrificios por lograrlo.
Al menos por eso hay que saludarles el éxito,
pero yo sé ─y te lo digo solo a ti y en voz baja
por no arruinarles su pobre fantasía de papel certificado─
que no es el mismo sol de octubre
sin los besos de los buenos días y el café en pijama
a media mañana en el patio.

Noviembre también fue más triste, con otra tristeza
y con otras lluvias.

Por acá todo está igual: no han cambiado las cosas durante el último año.
Nada hizo que un mes fuera distinto,
ni los paseos,
ni los juegos juntos,
ni las risas tontas de enamorados,
ni dormir nada para aprovechar el tiempo
─ahora solo cuando duermo la distancia no muerde.

Recuerdo que hace un año pensé en dedicarte un poema
que se llamara
"Noviembre sin ti"
y contarte cuánto dolió esa tarde noche de fines de octubre
que te dejé ir.
Nunca lo escribí y también quisiera
disculparme por eso.
Todavía no he pagado a precio justo
tu octubre
y mi única excusa es que todo ha sido muy difícil después.

Alguna vez me preguntaste por qué ya no te cuento
cosas sobre mi o mi gente o mi país.
Me da vergüenza decirlo, así, en un poema:
no ha habido mucho que contar
salvo todo aquello que podríamos contarnos
del año anterior
pero al revés:
este año no te toqué, no te vi,
no desayunamos juntos, no caminamos por las sierras,
no nos reímos de la gente,
no hicimos las compras juntos,
no comí de ese zapallo que me enseñaste
─corrijo: dos veces si─,
nadie te preguntó cosas de tu país
que nos hicieran reír,
nadie te vio conmigo caminando felices
ni me besaste,
como el año pasado,
desayunando en pijama en el patio
bajo ese sol de octubre
que quieren hacerme creer que es el mismo
de todos los meses y todos los años.

Te debía contarte por qué ya no sonrío como antes
y varios poemas, entre muchas otras cosas
que aún te debo.

La tierra lame sus heridas

La tierra lame sus heridas,
tigre asustado
a la sombra de un árbol dorado.

Una orilla es la vida,
un hilo delgado
de agua viva
que hace renacer la piel cansada.

Un pájaro inquieto
se enamora del cielo:
del cielo que traen sus ojos.

La tierra lame sus heridas
y las cura,
animal herido,
a la orilla de la vida.

Que no he vuelto, diles, si preguntan.

Que no he vuelto, diles, si preguntan.
Que he salido un momento y que no sabes
ni a dónde he ido ni cuándo vuelvo.
Invéntales alguna excusa si insisten
o diles que no he de volver ya nunca.

Y si aún así deciden esperarme,
atiéndelos como si fueran amigos.

No les des el gusto de marcharse
diciendo que no he sabido tratarlos.

Ofréceles de comer y beber hasta saciarse
y dales lo que pidan y en mi nombre
alégrales la espera con tu sana compañía.

Si no vuelvo, o me retraso demasiado,
dale algunos de mis versos viejos:
que con ellos se entretengan, si entretienen,
o buscándo los defectos, que los tienen.

Pero no les digas nunca que me he ido
a buscar los versos que aún no han sido escritos
por mi, por ellos o por otros.

No sea que armen un escándalo ante ti
mientras dure mi ausencia:
que hay gente demasiado vieja en este mundo
nuevo que estamos escribiendo.