Batalla perdida

Sé que el Cielo es inútil,
   que las plegarias son mudas
   y los dioses sordos.
Sé que hace tiempo ya
   que fuimos olvidados,
   abandonados a nuestras fuerzas
y ¡Ay! ¡Débiles fuimos!

Sé que cantar a la Luna,
   o libar vino dulce y negro
   no va a traerte.
Sé que el Cielo está vacío
   y tiemblo
pensando en lo que sigue.

Ejercicio incompleto

Quién pudiera hallar aladas palabras
que en plena noche se eleven al cielo,
se alejen de los jazmines, en vuelo
raudo a los oidos de mi Amada.

El Círculo

Todo comenzó en un beso,
   en una esquina,
      nocturna y desierta.
En otra esquina,
   nocturna y desierta,
      en otro beso,
todo termino.

Briseida

Las murallas de Ilion,
   los grandes héroes dánaos,
   ese hermano:
      Patroclo.

Todo eso y más valió
   esa mujer.

Vedada

Anchos muros la rodean,
murallas con sus torres y sus guardianes.
Los postigos, duros,
indestructibles,
como las lanzas de los héroes.
Macizo cuerpo
de madera noble y labrada
sin cerraduras.

La puerta esta cerrada.

Proposición

Si cedieras serias
   dueña
de todo este universo
      que me acecha y
   toda esta verdad
hecha poesía.

Flor

Alabada cada una
   de tus pecas,
benditos los ojos
   alcahuetes que delatan
   cuando una palabra
te conmueve,
   sean tus manos las que enciendan
el ultimo cigarrillo
   y me devuelvan
-la metáfora es mas completa
   de lo que parece-
la vida.


Tengo
una novela escrita a
   unos ojos que
      parecían de agua y
varios poemas a
   unos ojos verdes
      que me acechan en la cercanía
           de mi morada;
pero no tengo
   palabras
para los ojos que amo.


(a F. L., solo por ella y para ella)

El amado Moisés

Detrás de esa colina espera el sueño de toda una vida.
   Las murallas de Jericó casi
   pueden tocarse. Allí,
donde termina un desierto de arena y
   comienza ese otro que no conocemos,
   está Moisés.

¡Felices los que creen! -nos dijeron...

El río

En todas las cosas esta el cambio
y el movimiento.
La metáfora del río
es el universo y el tiempo.
Lo que somos fue un instante y
ya somos otros.

Incluso el río de Heráclito
ha mutado
y hoy es estos versos.

También nosotros fuimos.

Teseo

Los infinitos caminos encerrados,
las repetidas esquinas
-todas se parecen-
los mismos muros siempre.
Has hallado el camino
que conduce al centro.
Fuera de ese universo perverso y real
como cualquier otro
te esperan los brazos y los labios.
Debes regar la espada y recorrer el hilo
y estarás,
finalmente,
en ese otro laberinto,
que es el amor de una mujer.

Solo en el centro,
en la mas íntima morada del monstruo, entenderás,
que en este Laberinto no basta con encontrar la salida.