Estoy altivo, seguro de mi mismo

Estoy altivo, seguro de mi mismo
y mis pensamientos revolotean libres,
como si el mundo fuera una cosa ajena
e intocable, en mi propia casa,
pudiera seguir discutiendo con mis libros
y canciones preferidas....
Fuera, el mundo baila por monedas
mientras otros despeinamos un poema
o soñamos una pena que se ha perdido
hace tiempo ya.
No he abierto las ventanas hoy
y no voy a discutir sobre torres de cristal
o bastillas de piedras ensangrentadas.
Que el mundo arregle sus problemas como mejor le plazca
que, al fin, son suyos y no mios.
Tengo la osadía de rimar estrofas y contar
con los dedos de las manos las sílabas de un verso
sin la menor intención de pedirles permiso
o andar de puntas de pie.
Soy un poeta, un alquimista equivocado
que troca el oro en flores y versos.
¡Quién quiera oro coja un pala
que aquí solo hay arena y sal de mis orillas!

Este espacio es tierra seca y árida

Este espacio es tierra seca y árida
en la que flores y verdes no crecen.
Terrones de tierra vana asentada
entre tu casa y mi casa con mezquino
propósito: impedirnos el abrazo.
Y sin embargo, mujer, mira
¡cuánta gracia me causa
esta pobre tierra que se cree distancia!

Quisiera tu muerte como si mia fuera

Quisiera tu muerte como si mia fuera,
dormirme una noche cualquiera
y entrar sin fanfarrias a una noche eterna.
Quisiera despedirme del mundo sin despedirme,
como tu lo hiciste,
marcharme con el silencio de tus pasos
para no despertarnos siquiera.
Quisiera tener tu muerte entre en mis brazos
y apretarlos
hasta que no respire mas la vieja inerte.
Quisiera poder dormirme una noche sin tu muerte
palpitandome en el pecho
o morirme de una vez para tenerte
y que me juegues como un niño.
Quisiera maldecir tu muerte y con insultos
devolverte
a este mundo con tu forma y abrazarte
nuevamente y poder decirte
padre, que nunca has muerto.

(A mi padre, que nunca entendio la muerte y se quedo a mi lado...)

No estas a salvo en mis amores

No estas a salvo en mis amores:
te acechan animales instintos
entre las sombras de unas sabanas
que te encierran para mi.
No bajes nunca la guardia
cuando te duermas en mis brazos
porque no sabes con que deseos
puedes despertar entre tus senos.
No te descuides, hembra mía,
porque pretendo esclavizarte
entre estos brazos y mis ganas
como a una criatura cazada.
No estas a salvo en mis amores:
te acechan estas ganas que no se acaban.

Ahí está el barrio en el que jugaba

Ahí está el barrio en el que jugaba
tirándole piedras a los trenes,
en el que andaba en bicicleta,
el de los primeros suspiros
por un amor temprano y quebrado
como mi niñez.
Ahí está la mañana de un dos de agosto,
cuando una vieja de negra túnica me confeso al oído
que la vida es una puta resentida
y que no hay final feliz cuando se nace.
Ahí están los curas y la cruz
y las lecciones de odio eterno.
Ahí están los primeros amigos,
los que son eternos niños,
los que aun están porque algo
habré hecho para tenerlos todavía.
Ahí esta la adolescencia, la calle,
los primeros cigarrillos, las mujeres,
la libertad, la confusión inconfundible
de una edad confusa.
Mi norte, mis casas de piedra, el Pucará, Tilcara,
los padres postizos que me enseñaron.
Ahí esta la vida entrando a mi vida.
El amor, que me traía como títere
descosido por la vida.
La vida, marioneta gusaneada de unos pocos.
Todo paso tan rápido desde ese dos de agosto
que bien podría haber muerto yo también en el camino
y aun así no recordarlo.
Todo se volvió confuso, ajeno,
tan perverso
que si alguna vez he sonreído
ha de ser equivocado.
En una casa de la calle Alberdi,
a los siete años, aprendí el cinismo.
Hoy, que a nadie le importa nadie,
me tengo para un consuelo tonto.
Esta noche resucito de a ratos para abrazarte
y no te tengo. Será que no te he dicho
lo que tengo muerto.
Será que tu me abrazas y yo,
bajo la tierra, reverdezco.

Están los días que he vivido jugando

Están los días que he vivido jugando
a las escondidas entre mis sueños.
Por una vez quisiera no estar lejos
y tenerte donde te quiero
y como te quiero.
Están las tardes mas serenas
pero las noches estan huecas
de tu presencia.
Están las horas y los relojes
fastidiándome los tiempos
de tenerte.
Estoy escuchando una brisa,
un aire suave como un tornado
que pasa lejos,
y en otro lado.
Estoy teniendo la esperanza
de tener una esperanza:
si es que llega, cuando llegue,
querré abrazarte.

Eres una sombra inquieta...

Eres
una sombra inquieta en los jardines
descuidados de mi alma,
paseando por los pasillos de la eterna nostalgia
trayendo remebranzas de un futuro
perfecto.
Eres
el recuerdo de lo que siempre
he querido ser,
el anhelo de un futuro sin tu ausencia.
Eres
lo que sueño, pienso,
y como en el almuerzo...
Eres
la que eres,
la que no puede medirse
ni contarse.
Eres
la totalidad,
la perfecta omnipresencia
de cada noche.
Eres
la que sueño en el desvelo
y la palabra que
no nombro en mis poemas.
Eres...
todo lo demás es redundante.

Dijo la arena al mar:

Dijo la arena al mar:

te acercas,
me acaricias
y te vas...
me dejas siempre con ganas de mas,
me dejas las ganas pero no te quedas
para que pueda amarrarte
entre mis brazos...
juegas conmigo y
con este amor...


Responde el mar:

Me acerco,
te amo,
y te rozo y apenas
tocarte
ya vuelvo a extrañarte...
¿acaso no ves que nacimos distantes?
tu en la firme tierra
yo en el mar profundo...
¿no ves que mi vida es dar saltos
hasta tu orilla para poder alcanzarte?
no puedo
dejar de tocarte,
y besarte...
aunque sea tan solo un instante
y luego tener que dejarte
no puedo
ni quiero
que dejes de amarme...

Al fin te has revelado...

Al fin te has revelado...
de una vida inmemorable me llegaba tu aroma en sueños,
en cada verso que escribía estaba inscripto tu nombre
como un gran secreto que se me había vedado.
Pero no dejé nunca de buscarte, de llamarte
aún usando otros nombres
por si un día me leías y encontrabas
en ellos
el tuyo propio.
Nunca dejé de llamarte, hasta que un día,
ese comienzo de primavera
acerté tu nombre en un poema
y lo supiste:
era yo quien te nombraba y te buscaba
a ciegas por el mundo.
Y me hablaste y...
al fin te has revelado...

Si me faltas escribo...

Si me faltas escribo...

...me vacío en poemas azules
de otoñal deshojarme
para usted.
Cuando me falta me escribo
con palabras opacas
para que todos sepan
que me faltas....
Cuando la extraño
no quiero poesías,
solo me quejo contra el tiempo
de no tenerla.
Cuando me faltas me canso,
me aburro,
me enfrío,
me hago uno solo.
Porque el mundo es de otros,
no mio,
de los que quieren a medias.
Yo con usted no me ando
con tibiezas:
cuando me falta usted,
me falto también yo.