Siguen acechando tus nombres

Siguen acechando tus nombres,
tus muchos nombres, mujer,
que creí muertos.
Como grabados con un filo en la corteza
doliente de un árbol
que resiste al tiempo insobornable.
No bastó con matar cada una de sus letras:
ellos vuelven,
primero en sueños, después en pesadillas.
Las iniciales olvidadas de un nombre de mujer
han vuelto.

Arruinas el calendario con tu constante presencia

Arruinas el calendario con tu constante presencia
y tu abandono infinito.
No medí esfuerzos en sembrar luces
para qué, con unas cuantas palabras,
me cosecharas sombras oscuras
por todas las noches sin sueños
que me dejaste.
Creces en mis pesadillas atormentada
por mi anhelo irrevocable de volver a tenerte.
Un día, Recuerdo,
voy a borrarte y desterrarte
de mi pasado, para siempre,
y aprenderás a ser, de nuevo,
futuro.

Fue tan solo un hombre

Fue tan solo un hombre. 
Pero a lo largo de su vida 
supo ser el mundo de tres mujeres.
A cada cuál la amó como corresponde
a un hombre agradecido.
Las respetó cuando debió hacerlo,
y cuando no, las amó como 
aman los animales:
sin pudores ni sutilezas.
Tres amores tuvo perfectos
y acordes al momento.
Jugó a los amantes
con la primera y más fresca flor.
Con la madurez de un árbol fuerte
le dió un hogar a la segunda.
Ya anciano, descansó sus aguas mansas
en la orilla sabia de su viuda.
Cuando murió,
la primera lo lloró como se llora
un recuerdo. La segunda
lo lloró desconsolada.
La tercera murió con él.
El hombre sabía aprender.
Y aprendió el amor hasta la muerte.

La mariposa tiene un único día

La mariposa tiene un único día
para conocer las flores
y, aún así,
aprende a amarlas
porque no sabe que mueren
y las cree eternas.

Cada gota que has derramado

Cada gota que has derramado
se ha hecho criatura
de tus abandonos.
Así como tu te conoces
en cada fragmento de tanto rearmarte
y reconstruirte,
no olvides, que el tiempo
te observa, te sabe.

Estos días he intentado

Estos días he intentado
evitar que el futuro conozca
los pasos que he dado
por que no los aprenda y los repita.
No sea que una mañana despierte
en otra mañana vieja
que he gastado en mi pecho
entre humo y oraciones.
Ahora que nuevos brazos retoñan
del tronco talado que no venga
el otoño a secarme las hojas.
Que el verde crezca ahora que el sol me abraza.

De qué hablé cuando escribí...

¿De qué hablé cuando escribí
los versos de las blancas mariposas?
Las palabras se me sublevan
y dejan de rimar cambiando el sonido
para entonar otros nombres.
Seguro, me aprendía mis versos
creyendo saberlos.
Pero nunca han sido mías las palabras
ni los versos:
el capricho de un Dios vulgar y juerguero
me los ha dictado, borracho,
y son mi burla.
Hoy quisiera entender el susurro
de todas mis voces,
pero nada escucho más que risas.
Las blancas mariposas,
mientras tanto,
siguen acechando.

Estarás esta noche pensando en mi

¿Estarás esta noche pensando en mi?
Tal vez esta noche sea solo yo
pensando en un nosotros
que dibujo y desdibujas
en un juego de semánticas inútiles.
¡Tantas palabras de tu boca a la mía
que quisiera reemplazar por besos!

Soy la sombra de un hombre

Soy la sombra de un hombre
que se cree poeta.
Me nombró en ciento setenta versos
y en una rima iluminada
me despertó la vida.
Ahora vivo aquí.
Hasta que se apague la luz.

Sombra en pena
tratando de alcanzar la luz
para apagarla y descansar al fin.

Tuve miedo

Tuve miedo,
me sentí cansado.
Sentí que la lucha
estaba perdida.
Entendí tu hastío,
tu desgano.
Quise que me sintieras
a tu lado
levantando tus brazos.
Te falté,
ahora me faltas tú.