Pájaros
Pájaros,
no siempre coloridos
ni de canto afinado.
Pájaros
a veces negros
como murciélagos
─se de alguien a quien
le gustan los murciélagos.
A veces duermo
o no duermo
entre el caos de plumas
que me dejan;
plumas sueltas,
nada entero,
no llegan entre todas a ser pájaro.
Pedacitos de pájaros
que no consigo armar.
Pájaros que apenas nacen
y ya se me van.
Adriana
A ver, cuéntame esa historia,
la de tus días y tus noches sin mi.
Cuéntame tu huella sobre el pasado,
sobre el camino que ambos recorríamos sin saberlo
y que un buen día nos dejó desnudos bajo el mismo techo.
Cuéntame de los árboles que sembraste, de las flores
que dejabas crecer en tu jardín y de los hijos que no tuvimos
y esperan que abramos las puertas de ese laberinto
biológico de la reencarnación.
Háblame de esa otra mujer que no era mia
cuando todavía yo no era tuyo.
Un duende juguetón se alegra con tu cuerpo
Un duende juguetón se alegra con tu cuerpo,
se regodea, borracho de tus sombras desnudas,
ama tu locura de gata en celo, tu fiereza salvaje,
tu lado más animal cuando lo humaniza el amor.
La noche nos encierra en una cajita pequeña donde solo caben los sexos.
Dos almas prestas a mostrar los dientes si el amor
así exigiese.
Vendré con mis flores marchitas:
Vendré con mis flores marchitas:
mis pétalos secos, mis espinas sin punta.
Vendré a tocar tu puerta con mis muñones.
Vendré y esperaré en tu puerta como un mendigo.
Esperaré con la escarcha de la noche enamorada en mi barba.
Esperaré la noche y el día y la noche que sigue y el día que les siga.
Vendré a que me resucites; a que me conviertas en pan las piedras,
en vino las aguas, en vida eterna mis llagas.
Vendré a ser tu milagro yo, mi Dios vos.
Vendré a tocar con mis heridas tu vestido para curarlas.
Esperaré, sin ser digno, que entres en mi casa
y con dos palabras tuyas bastará para sanarme.
En otro lugar de América alguien te cruza en la calle
En otro lugar de América alguien te cruza en la calle,
indiferente a esta idea constante de no tenerte.
En otro calle alguien pide una moneda
y alguien se la niega y nos hace hermanos en la carencia.
¿Somos uno, dos o tres los que no tenemos?
Las matemáticas suelen sucederle de esta forma
a los que cuentan carencias.
Cuando éramos niños creíamos, después crecimos
─crecer es descreer de tantas cosas.
Un perro llora en algún patio vecino y un gato mojado por la lluvia
estornuda del otro lado de la ventana.
No hay mucho que hacer o que mirar.
Sé que hay ancianos que duermen la tarde
con los ojos puestos en el reloj en la pared
esperando que la noche traiga el descanso a su cotidiana vejez.
Ser un pez, y no saber del agua. Ni imaginar el aire
o la tierra firme y la evolución.
Desear no tener deseos ─y saber que se está deseando.
Conocer a esa mujer que no conoce esta lluvia,
que vive en otra lluvia.
Desear a esa mujer.
Que sea mi adverbio de lugar.
Resumen de la tarde:
llueve.
En tu domicilio
En tu domicilio
o en el mio,
frente a tu propia puerta,
frente a la mía,
como la muerte omnipresente
o la vida invisible.
En todos los lugares y en ninguno.
Allí donde estés, esté, estén
o estemos;
donde la vida ocurra,
con pan o con hambre.
En la habitación donde se aman
los amantes
o en la esquina donde se rompen las promesas;
en un hospital,
en una escuela,
en una biblioteca.
Allí, con el honor, con la palabra
o con los hechos
te amaré.
En todas partes, y en ninguna.
Un ojo puesto en la vida...
Un ojo puesto en la vida,
el otro, puesto en la muerte.
Que el mismo viento nos mece
y la misma suerte nos tuerce
desde que somos retoños
hasta que llega la muerte.
Un ojo puesto en la vida,
el otro, puesto en la muerte.
Del viento todo es criatura
y poco le importan las cosas,
que el hacha no mide al árbol
por fruto, edad, o su altura.
Un ojo puesto en la vida,
el otro, puesto en la muerte.
Un día llega y se besan
el filo con la corteza
y así se acaban de un golpe
salud, amor, y riquezas.
¡Es la Luna!
¡Es la Luna! ─gritan con alegría
los cuervos de la noche.
"¡Es la Luna!
La Reina mía."
Y esa Luna los cuida.
Y bajo esa Luna, ellos
escriben poesías.
¡Es la Luna! ─gritan con alegría
los cuervos de la noche.
"¡Es la Luna!"
y ella, en silencio, los mira.
Se quebró el cristal
Se quebró el cristal
de una ventana.
Quedó una piedra
─ que podrá olvidarse─
y un hueco donde antes
hubo un cuerpo transparente.
Se quebró, también,
la mano inocente que arrojó la piedra.
Sí, vendrá el olvido. Incluso la ventana
olvidará. Repararán el cristal,
que se dejará otra vez
atravesar por la mañana.
En silencio, quizá recuerde,
muy por dentro, y llore
por la mano que una vez quebró su alma.
Quisiera...
Quisiera...
quisiera tener un verso,
un beso, o el seso suficiente
para rimar dos bocas
que duermen solas
y no se tocan.
Quisiera...
quisiera abrazar un cuerpo,
apretar los brazos,
palpar la espalda,
sentir las piernas,
matarnos a besos
hasta el aliento.
Que estés, que vengas.
Que no haya puertas
solo ventanas
por donde ver ahí fuera
la noche helada
y saber acá, dentro, que de afuera,
no nos importa nada.
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