Ven, Mujer, con tus pies desnudos

Ven, Mujer, con tus pies desnudos
a pisar la alfombra de mi cuarto, a poblar
las soledades de esta casa.
Trae tus hojas secas y hagamos primaveras
que están marchitas las tardes de oír
el murmullo de las lluvias burlándose de mi.
Trae tus besos para celebrarlos con vino,
que rediman ellos el fantasma
de un beso que ronda el cuello de mi camisa.
Mi gran aventura en la vida, por tus formas desnudas.
Ven, Mujer, que ayer soñé contigo lamiendo mis heridas:
bebías de mi cuerpo alguna sed antigua
y eras una dulce madre contándole a su niño historias
para dormir.
Ven, Mujer, con las palabras que me amas escritas en tus senos
a que las lea como un ciego.
Ven, Mujer, hagamos eterno el amor.

Inconcluso

Ahogada de lejanas utopías,
como la lluvia o tus besos,
sigue la vida.

Cuatro brazos, cuatro piernas, dos cabezas...

Cuatro brazos, cuatro piernas, dos cabezas...
es el monstruo que el amor crea,
alimenta de ilusiones,
y divide.
Dos brazos, dos piernas, una cabeza...
es el monstruo de la soledad.

Será el amor un invento de poetas

Será el amor un invento de poetas pero
prefiero el sueño a la teoría de la ciencia.
Que no va besarme mi mujer por hablar de economía
y eso sí que es ironía:
¡todo el pensamiento puesto
en obtener una ganancia
y ni un beso ganar en todo el día!
Que prefiero un literato a un funcionario y eso
que no le falta verso y es puro cuento la política.
Que me siento más seguro entre tus piernas
que en un cuartel de policía.
Que me duermo pensando en tus abrazos
más que en la comida que tendré o en medicinas
y que dos besos tuyos serán más
que mil palabras en el diario de mañana.
Puede que el amor sea un invento de poetas
y que ya no esté de moda,
pero ven a besarme esta tarde, y
no te demores, que la soledad ahoga.

Del amor sé la sombra. De lo demás...

Del amor sé la sombra. De lo demás,
las luces falsas de neón. Que sólo el amor
es verdadero, aunque ilusión y sueño.
Que tampoco el mundo es real y de la misma
cosa que la mentira está hecho el universo.
Somos de corto entendimiento, vemos
solo aquello que con los ojos vemos.
Nos falta el sentido de sentir.
Cierto que de pan vivimos y cierto también
que tenemos urgencias materiales que atender,
pero finalmente, solo de amor morimos,
y será el amor una mentira, o la mentira,
pero no hay mentira que se parezca más a la verdad.

Quizá deje un verso

Quizá deje un verso
en la última hora.
Uno pequeño
y humilde
que descanse
los sentidos.
Quizá deje un verso
que te nombre en el silencio
y te cuente
que tuve un lindo día
pero de mucho extrañarte.
Quizá deje un verso
que mendigue una lectura,
pero es un verso mio
y te lo hice dedicado.

A Borges

Las líneas sobre la piel del tigre,
los repetidos pasillos del laberinto,
los senderos que se bifurcan,
los infinitos recuerdos de Funes.
Los múltiples caminos de la locura
por los que un ciego buscó con desesperación
a un Dios que la razón le negaba.
Finalmente, cuando las dos fechas
en la piedra lo abrazaron,
una sombra de inmortalidad
recibió al moderno Homero.

Amaba el viento los delicados brazos del árbol

Amaba el viento los delicados brazos del árbol.
Lo amó primero en silencio, luego
con una brisa suave se atrevió a enamorarlo.
El árbol correspondió el amor y fueron una
danza de hojas y vientos enamorados.
Tuvieron su suave primavera en la que el viento acariciaba
levemente y el árbol daba sus mejores flores.
Se conocieron, se amaron y se dejaron envolver
por un verano de ardientes tardes y desveladas noches.
Pronto la pasión se convirtió en costumbre y
se hicieron mutua y suave compañía en el otoño.
Cuando la rutina trajo amaneceres con escarcha
al viento lo entorpeció el miedo y fue brusco en el abrazo
sin notar que desnudaba el fresco verdor que lo amaba.
Finalmente el árbol se sintió agobiado por la fuerza
de aquel viento enamorado y harto de sentirse desnudo
ante tal violencia se entregó al desamor.
Y el viento amó con fuerza, pero el delgado
tronco cedió y la misma fuerza con que abrazaron al amor
les destruyó el amor aquel invierno.

Dos palomas amándose

Dos palomas amándose
en los cables que llevan
setenta canales de hielo
al televisor de un matrimonio
sin pasión.
Dos palomas que se aman,
irónicamente, sobre el desamor
de toda una calle
en la ciudad.

Un beso

Un beso,
una tarde.
Hechizo de soledad
que se rompe en
una tarde, en
un beso.

He dejado mi nombre y mi rostro

He dejado mi nombre y mi rostro,
he dejado mi cuerpo
para habitar en mi sombra.
He dejado las palabras ostentosas
y la vanidad de los espejos.
He dejado la memoria a un lado
para andar sin carga.
He dejado de ser uno en el tiempo
para ser un ser nuevo a cada instante.
He dejado de ser yo, de ser
la continuidad de mis recuerdos.
He escogido ser la sombra efímera
de alguien que ya no es.

Alma, tú sabes

Alma, tú sabes
cuánto te quiero,
pero deja de llorar
un día
para que empiece
el amor
a ser verdadero.

Una cama vacía es una tumba

Una cama vacía es una tumba
con las flores secas y un retrato descolorido
aprendiendo la paciencia de la hierba cuando crece.
Una cama vacía es la nostalgia
de una silueta desnuda que aprendió el difícil arte
de olvidar.
Una cama vacía es un mundo de soledades remedadas
con la imaginación,
repleta de mujeres que habitan otras camas.
Una cama vacía es una vida vacía,
un alma vacía repleta
de camas vacías.

Rompamos los poemas escritos

Rompamos los poemas escritos,
que las fronteras son de papel,
y las personas de cartón pintado.
Quememos todos los versos
que el amor es un show en la TV.
Ya no juremos en vano
que "para siempre" terminó
en grosera carcajada.
Dejemos la poesía a los que mienten
y que el verso aprenda  alguna vez a no decir la verdad.
¡Qué pena tan grande haber dejado
la sangre en cada poema!
Olvida la lluvia, la primavera, las aves
no sea que un colibrí impida
que llenes de papel la billetera.
Muere pronto, alma, así disfruta el cuerpo
de los placeres de la modernidad.
¡Cierra la boca, Poeta,
que es la voz del progreso anunciando
el fracaso irrisorio de los libros!
Llevemos al cantor de bagualas ante un juez
para ponerle en la espalda la cruz
y en la frente las espinas.
Asesinemos a todos los que sienten.
Fingamos la verdad y la alegría,
fingamos ser felices por siempre, que igual nunca lo seremos.

Debería el verso pagarse con besos

Debería el verso pagarse con besos:
cobrar el poeta en cuidados que sanen
la herida sangrada en cada rima.
Ser su musa musa y enfermera,
vendarle con caricias la triste trama del poema.
Atender la urgencia que reclama
una metáfora corrosiva,
cerrar la cicatriz de un recuerdo
abierto en una imagen precisa y delicada.
Debería el verso cobrarse en besos,
y el beso, pagarse con versos.

Todo lo que hacemos es olvido

Todo lo que hacemos es olvido
y recuerdos que pronto serán el hueco
de un pecho abandonado por tus besos.
Pronto todo estará en manos ajenas,
tus besos serán un vino agrio que no podré beber
pero que en otros labios libarán sus deseos.
Así serán las noches, de cielos poblados de estrellas,
de luna, y de otras bellezas inalcanzables.
A tu nombre lo tacho con tinta azul
al margen de cada poema.
Tú al mío apenas si lo recuerdas y si lo usas será
para enzalsar los cuidados que ahora tienes.
¡Yo, que esperaba que esta lluvia lavara tu recuerdo
y ella, que no hace más que engrandecerlo!

En el amor las palabras

En el amor las palabras
sobrevuelan a las cifras infinitas.
Amar mucho, amar poco, amar nada, 
sobrepasan absolutos y tienen
un valor eterno.

Una flor que durará lo mismo

Una flor que durará lo mismo
que un te amo.
Para ti,
de parte de mis manos.

Cielo en blanco

Cielo en blanco
hoy no he podido
encontrar el verso
que nació en un sueño.

¡Olvidar
los cuatro versos
del poema
que soñaba
al despertar!

¡Maravillas
que contemplan
las estrellas
sin hablar!

Nubes del día:
¡reciten los versos
que la luna dicta
y la mañana quita!

Trato de llegar hasta donde...

Trato de llegar
hasta donde
tu cabello
flota
al aire
de la noche

Triste la distancia:
¡qué tus pies
te traigan!

Yo ansiaba tus alas
volando
en mi cama.

Nada tengo:
me faltas,
la lluvia me sobra
con estas palabras.

Un símbolo puede matarlo al poeta

Un símbolo puede matarlo al poeta,
una imagen precisa, afilada,
como un dardo certero al corazón
por el que llora,
puede herir a quien logró el olvido
pero más fatal será para quien sigue amando.
Debe cuidarse el poeta, que el rencor
con el que rima sus versos
más hiere al que recuerda y permanece
que al que olvida y ya se ha ido.

La distancia es externa y ajena

La distancia es externa y ajena
nunca está usted fuera o lejos:
cuando hablo, hablo enamorado,
cuando pienso, pienso enamorado,
cuando hago, hago enamorado.
La distancia es algo que pasa
fuera de mi cuerpo, y usted
habita en mi pecho enamorado.

Nefelibata, las palabras

Nefelibata, las palabras,
vagas, ansían tener alas,
maman de amapolas,
fragancia y mariposas.
La noche ha florecido.
Cantan bagualas las almas
solitarias, solidarias,
y se abrazan.
A la noche le sobran
las estrellas falsas de la casa,
con tus ojos,
ya me alcanza:
en la ausencia
siembro la esperanza.
La noche solo sorprende a quien no sabe mirar al cielo.

Del éxito

Triunfar no es lo opuesto a fracasar sino a quedarse sentado.

Cuando quiera abandonar la soledad

Cuando quiera abandonar la soledad
déjeme tomar su mano para llevarla
por caminos de hojarascas,
fumar un cigarrillo en la nostalgia
de un parque dorado en otoño,
de un arroyo helado en la campiña.
Déjeme llevarla a un lugar que no recuerde
lo que fuimos antes de esta tarde.
Déjeme reinventarnos en un paseo,
reelaborar el sentimiento dulce
de haber encontrado al fin los brazos
que soñamos durante años.

Me voy haciendo azul y solitario. El brillo

Me voy haciendo azul y solitario. El brillo 
que tenía esta mañana se diluye, se 
dispersa, se vuelve millones de 
pequeñas luces en la noche
y la piel, que se azulaba,
las atrapa. Soy la 
noche y tengo
estrellas.

Prefiero evitar un verbo obvio

Prefiero evitar un verbo obvio
como extrañar, o amar,
o los consecuentes adverbios de tiempo
innecesarios en esta despedida.
Tu decides imponerme esta tarde
que recordaré durante años con tristeza.
En vano intento apelar a un buen recuerdo
que conmueva esta frialdad con la que hablas:
hay un mañana que es irremediable para los tres,
pero solo yo quisiera remediarlo.

Tenía un verso escuálido, famélico

Tenía un verso escuálido, famélico.
Un verso que de haber tenido qué llevarse a la boca
-un bocado de pan, un beso, una verdad-
hubiera podido ser sin gran esmero un canto libre.
Pero vivió en la indigencia, mendigando una rima.
A veces cantaba en la puerta de una Iglesia
y alguna anciana con algo de memoria
le daba unas migajas de sus viejas ilusiones.
Pero el cura, que era hombre y como hombre, bestia,
y de amores sabía más que cualquiera,
lo echó una tarde lluviosa por carnal y por hereje.
Así anduvo el verso vagando por el mundo.
Salió entonces a buscar la vida deambulando
por las casas donde el pan sobraba:
en los Cuarteles cantando libertades,
en los Palacios cantando justicias,
a los Reyes les cantaba humildades
y a los Nobles les cantaba la nobleza del trabajo.
A cada lado que llegaba lo tomaban por idiota
a él, que era un verso pobre y sincero.
Entre los sabios nunca estuvo porque era verso,
entre los religiosos menos porque al amor lo esconden.
La muerte lo fue alcanzando más pronto que la vida
y el verso se hizo viejo sin hembra que lo leyera.
Anoche bajo el invierno el hijo de un labriego,
habiendo prometido serenata,
fue a cantarlo a la ventana de una necia.
Y allí, contra las limpias persianas de la hija de un alcalde,
la última nevada le cerró el pechó y lo dejó sin aire.
Tenía un verso escuálido, famélico.
Anoche murió ese verso sin que nadie lo escuchara.

Anhelo el silencio

Anhelo el silencio.
Las gotas de sabio amor
que perfumaban las tardes.
Las notas breves de jazmín
en los jardines,
la suave mañana de la infancia.
Anhelo la sonrisa de los primeros
soles en las ventanas frías del invierno.
Anhelo el verbo de los brazos
y el resultado de besarte.
Anhelo la siesta en un abrazo de cellista,
la lluvia, el frío, la excusa
suficiente para pegar dos cuerpos.
Anhelo los sueños que desvelan,
los años que soñaban,
el futuro que tenía en el pasado.
Anhelo el alma de poeta que perdí en un verso
antiguo que nunca devolviste.

Me embarga una tristeza nuestra

Me embarga una tristeza nuestra,
compartida, solitaria...
me azota la espalda esta falta que me haces
obligándome a pensarte,
a extrañarte más que como un amante
como un esclavo
de este sentimiento.
Me duele una ausencia nuestra
compartida, solitaria...
me encierra en cárceles de aire
irrespirable, envenenado
desde que no estás conmigo,
desde que abriste esa puerta
a un jardín que no es el mio.
Me adormece el alma un olvido nuestro
que es tuyo por elección
mio por necesidad y obligación.
¿Me olvidas?
Acaso lo intentas con la misma fuerza
que intento yo retenerte.

Le regalo un verso

Le regalo un verso
o, para mejor decir,
le cambio un verso por un beso.
Usted solo déjeme tocarle los labios
con un poema viejo
y, seguramente,
escrito a otro amor
que ya he perdido
o he olvidado,
que es lo mismo,
pero que esta tarde
he reescrito para usted,
con sus ojos, su boca y sus manos.
Déjeme cambiarle
este escaso poema
por un beso de su boca
confiando que el amor
justifique la injusticia
de a cambio de tanto
tan poco estar pagando.

Me había quedado dormido en la tarde

Me había quedado dormido en la tarde,
en mi viejo sillón donde un sueño me esperaba
entre las líneas de un viejo libro de poemas.
Era un tarde, recuerdo, de sol,
pero todo el cielo se obscureció de pronto
y por la ventana abierta entró tu abandono
como un animal hambriento del cercano parque.
Traías, recuerdo bien, un velo en el rostro
y un largo vestido, gris o blanco, según la luz,
según las nubes reconstruían el cielo.
En ese sueño yo no despertaba,
seguía dormido mientras tu figura de aire
flotando sobre mi se despedía.
Y yo, que escuchaba aún dormido,
no reaccionaba a tus pedidos.
Cada tanto la luz del exterior cambiaba,
tu te hacías transparente u opaca según el cielo.
Yo dormía con el libro caído sobre mis piernas
pero aún así veía tus labios moviéndose, y entendía,
con toda claridad, lo que decías.
Sobresaltado desperté con la luna en mi frente
y la tarde perdida.
Tenía ese gusto a sueño en algún lugar del cuerpo,
la certeza de haber estado en otro mundo pero ningún detalle.
Una lágrima que más sentía en mi interior que en mi mejilla
me hizo suponer que allí habías estado otra vez
con tu antigua y renovada despedida.
Y otra vez caí en el viejo sillón gastado, vencido,
sin entender cómo pude esa tarde y sin luchar
dejarte ir sin decir que aún te amaba.

Yo estoy donde me busques, pero más en tus labios...

Yo estoy donde me busques, pero más en tus labios que en cualquier otro lugar.
Vivo en la comisura de tu boca
cada vez que me nombras.
Me dejo llevar como un niño alzado
en tus palabras
para que el viento me acaricie cada vez que suspiras.
Suelo jugar de noche con tus besos
mientras duermes
y me divierto cosiendo tus sueños
a los mios
y haciendo nuestra la fantasía
de tenerte en mis brazos.
Yo estoy donde tu me quieras llevar
porque estoy en tu pecho,
dormido, soñando,
olvidando que estamos solos
y la soledad es infinita.
Me gusta quedarme allí donde vos estás
porque acá, donde ni vivo ni sueño,
no tengo tus manos
que tanta falta me hacen.

La consecuencia fue la ausencia total de emociones

La consecuencia fue la ausencia total de emociones.
El árbol seco en el fondo del patio,
donde de chicos trepábamos con la inocencia pura,
sin la humana ambición de adueñarnos del cielo.
De la arcaica esperanza nos queda
un primitivo sabor a derrota en los labios
desde que olvidamos el beso.
Tus brazos, cansados, mis piernas, inmóviles.
Los ojos lloraron hasta el hastío y, aún así,
no hemos medido las consecuencias de no amarnos.
Amar en silencio, como última recurso
antes de seguir destruyendo al amor con la banal
costumbre del palabrerío innecesario.
Saborea el bronce y el olvido antes que ni eso nos quede,
sonríe que detrás de nuestro olvido llegan otras esperanzas
que también destruiremos.
Porque somos humanos,
animalitos tristes destinos al olvido.

Toda ausencia es infinita como el recuerdo

Toda ausencia es infinita como el recuerdo
o el espacio que ocupabas en mis tardes.
Toda ausencia es tuya,
de tu inagotable recuerdo agazapado
entre mis libros, esperando
que un verso me haga bajar la guardia.
Toda la ausencia nos corresponde
como un bien común,
como un bien que leguleyos esfuerzos
pretenden dividir en vano
porque se queda, aquí, entre nosotros,
ocupando la distancia
que nos pertenece por igual.
Toda la ausencia que me dejas
cuando ya te vas de mi vida.